La historia a la que damos visibilidad mediante este reportaje define perfectamente la idea para la que nació RetroRacing.es. Conocer a un apasionado del automóvil que lleva una vida más o menos corriente (que trabaja de ingeniero, que sufre para poder pagar un alquiler en Barcelona, que disfruta repartiendo likes desde su Instagram…) pero que esconde una historia de mucho valor que, en este caso, va ligada a un utilitario italiano que pasó desapercibido para los españoles… aunque no para la familia Carballo.

Carlos acaba de cumplir 30 años y se enorgullece de tener de compañero de juventud un Autobianchi A112 LX de 1983 en perfecto estado de revista. Aunque si esto no suena especialmente apasionante, tal vez la percepción varíe cuando vemos a un niño de seis años sonriente por posar con el coche que usa papá para ir al trabajo. Estamos en Barcelona a principios de los 90 y sí, el coche de la foto sigue siendo un miembro más de la unidad familiar.


 

Autobianchi A112, un utilitario con muchas virtudes

El Autobianchi A112 fue un vehículo del que muy pocas unidades llegaron a España: su precio era 100.000 pesetas más caro que el de un Fiat 127 equivalente y la marca era una completa desconocida para el cliente medio. Tanto, que ni los concesionarios del Grupo Fiat (del que Autobianchi era una filial que funcionaba a modo de banco de pruebas) se atrevieron a importar los A112 durante su primera década de fabricación.

Al padre de Carlos le gustaban moderadamente los coches, y aunque iba en busca de un Fiat 126 para moverse por una ciudad plagada de obras y atascos en plena era pre-JJOO, un concesionario de Gran Vía Carlos III le acabó ofreciendo a buen precio un Autobianchi A112 LX de sexta serie ya matriculado y de un color azul grisáceo bastante particular.

El Autobianchi A112 LX era, sin que aún existieran tantas etiquetas para denominarlo, el primer utilitario premium del mercado, ya que incorporaba elevalunas eléctrico, reloj digital, cierre centralizado y economizador de consumo entre otras opciones, algo que para tratarse de un coche de uso interurbano sobresalía entre el resto de modelos de su época.

Su modesto motor de 965cc, situado transversalmente de la misma manera que la caja de cambios (que incorporaba 5 marchas desde pocos años antes) cumplía con la premisa de ofrecer agilidad a un conjunto de menos de 700 kilogramos de peso, ofreciendo unos 48 CV que desde medias revoluciones daban un rendimiento muy aceptable.

A lo largo de su infancia, Carlos tuvo en el A112 un coche que le llevaba al colegio o al médico y que, además de servir también para las escapadas de fin de semana, era la excusa para empezar a pasar tardes y días festivos junto a su padre aprendiendo sobre mecánica tomando como base ese coche tan peculiar con llantas de chapa y sonido estridente.


 

«Quiero que el Autobianchi sea mi primer coche»

Pasó más de una década y pasaron varios coches por el garaje, pero Carlos se plantó con 18 años y una ilusión imparable por hacer de «la Bianchina» su primer coche, dejándose guiar por ese subconsciente en ocasiones tan traidor, pero tan dulce cuando proyecta nuestros anhelos más ocultos.

Fueron meses de negociaciones familiares los que permitieron que el pequeño italiano, ya con 20 años y una vida útil mermada, no acabara siendo moneda de cambio de un Plan Renove.

Con paciencia y muchas horas se le hizo una puesta a punto y Carlos se convirtió en el amigo que todos querían, el que siempre pone el coche y no le importa conducir. Aunque en su caso el coche fuera un abnegado utilitario de 3 metros de longitud en cuyo interior viajaran cinco fornidos aprendices de ingeniero.


 

Un Autobianchi A112 de calle en el Rallye Costa Brava Històric

Poco después de empezar a conducir el Autobianchi A112, Carlos seguía buscando nuevos retos y se empeñó en que él sería el primer Carballo en disputar un rallye con el coche.

Dicho y hecho, su amigo Albert se subió al carro y durante casi un año empezaron un humilde puerta a puerta por los establecimientos de Sants, de Poblenou y hasta de Galicia que les permitió, en marzo de 2008, estar presentes en Rallye Costa Brava Històric luciendo el dorsal 98 y con un coche «que parecían las Páginas Amarillas».

«Éramos dos pipiolos de Barcelona que teníamos un coche de 40 CV y fuimos sin saber dónde nos metíamos» es lo primero que recuerda de aquella experiencia.

«Fue una auténtica odisea. El primer día penalizamos lo imposible, y más. Íbamos últimos y ya nos pensábamos que nos echarían, que no podríamos volver, que estábamos haciendo el ridículo… pero acabó siendo justo al revés. La organización y el resto de participantes nos ayudaban, nos daban esos consejos tan necesarios al principio y que nos sirvieron para salir del pozo.»

Después de 3 días sin apenas dormir en una lucha titánica contra esa odiada media de 45 km/h, la recompensa llegó en el tramo final del rallye, donde colocaron al Autobianchi en 39ª posición(«¡salíamos en la primera página de la clasificación!») y cerraron la experiencia con el 110º puesto de la general y un recuerdo para toda la vida:

“Domingo, último día. La jornada se resumía a poco más que unos 60 kms de rallye y la especial por la calles de Lloret. Cansados pero animados por ver que sí, que podíamos conseguirlo contra todo pronóstico.

Salimos por última vez desde el parque cerrado para la especial del Water World sobre tierra. Sabíamos que si en algún lugar podíamos despuntar mínimamente era allí, donde el balance del chasis esa más importante que la expresividad de potencia.

El día era brillante y el ambiente festivo; salimos de los últimos y ello nos permitió poder cruzarnos con los participantes ya de vuelta de la especial. A lo lejos Albert me dice: ¡Munari! Y sí, ni más ni menos que Sandro Munari con el Lancia Stratos Alitalia Gr.4 estaba ya de vuelta.

La estampa era imponente, ni más ni menos que la bestia soñada por toda una legión de seguidores y el piloto que la hizo eterna se estaba acercando, con su V6 Ferrari bramando a pleno pulmón.

El pequeño Autobianchi no pudo más que hacer una tímidas luces en señal de saludo a semejante dúo mítico. Cuál fue nuestra sorpresa cuando al cruzarnos con ellos… ¡el Stratos despliega la batería de luces y Sandro, manos en alto nos saluda y anima efusivamente! Para nosotros, fue el regalo más grande que nos podían hacer.


 

Un coche que ha crecido junto a su dueño

Años después de aquella aventura irrepetible, el Autobianchi A112 de Carlos luce mejor que nunca. El secreto está en la evolución que ambos han experimentado: para su dueño el Bianchi ha pasado a ser un coche de disfrute, de fin de semana, y este lo ha agradecido manteniéndose en un perfecto estado de forma.

Viendo las fotos de este A112 LX, notaréis la presencia de pequeños escorpiones en las llantas o en la tapa de carburador, algo que nos lleva a la pregunta que más veces le ha tocado responder: ¿Es un Autobianchi A112 Abarth? La respuesta es un no, pero con matices.

Hace poco, con 185.000 kilómetros, su sencillo motor dijo basta después de más de 20 años de intachable servicio, algo que abrió en el seno de la familia un debate sobre el futuro del niño mimado:

  • Restaurarlo a partir de una mecánica inferior (900cc)
  • Restaurarlo a partir de una mecánica superior (Abarth)
  • Mantener el bloque motor y reconstruirlo

 

La opción elegida fue la tercera, sin duda la más costosa y difícil. Porque aunque los indicios ya apuntaban en esta línea, una vez empezaron a buscar recambios se dieron de bruces con la imposibilidad de encontrar muchos de los recambios para el motor 965 del A112 LX.

Con un mercado de recambios del A112 canibalizado por la versión Abarth, la reconstrucción del bloque original tuvo que pasar a la fuerza por la incorporación de pistones Abarth, carburación Abarth o balancines de aluminio. Todo ello con la única intención de mantener rodando el vehículo, en ningún caso para «Abarthizarlo».

De hecho, por los comentarios de los proveedores de recambios y por haber adquirido en muchos casos las últimas piezas en stock, Carlos tiene claro que muy probablemente el suyo sea el último A112 con bloque 965cc que se haya reconstruido con piezas originales.

El resultado es una evolución en rendimiento y potencia del coche, acercándose a los 60 CV (el Abarth genera sobre 70CV), pero también es un resultado honesto, fiel a la esencia original del Autobianchi azul que su padre compró hace casi 30 años.

Además, la estética del coche también es impecable, una muestra más de esas horas que padre e hijo siguen invirtiendo en el juguete con el que echar la mañana». El estado de la pintura es excepcional y las pequeñas personalizaciones le van como anillo al dedo (doble línea de escape de acero inoxidable y ruedas de 155 con llanta Abarth) y le dotan de todavía más personalidad.

Mención aparte merecen los pequeños guiños racing en forma de pegatinas y parasol, este último dedicado a la Écurie Chardonnet, impulsora de la mítica copa de rallyes en la que hicieron sus primeros pinitos en la competición grandes nombres del automovilismo.

El mejor consejo que os podría dar es que, si veis este coche en la próxima edición del Espíritu de Montjuïc o en las concentraciones de clásicos que se celebran en la Montaña Mágica, no os cortéis y saludad a Carlos. La pasión con la que habla del coche de casa, el niño mimado, uno de los bienes familiares más preciados, bien vale la pena.

Por historias como la suya nos encantan los clásicos. Ahora solo me falta recoger su guante e ir a por el Test Drive del A112 que tenemos pendiente. Tiembla, Davide Cironi.

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