Rally

Un Autobianchi entre volcanes

 enero 25, 2020

Por  Carlos Carballo

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El de los rallyes es un mundo muy peculiar. Estamos hartos de verlos en televisión, en situaciones de lo más variopintas, algunas de tensión, otras de nervios, muchas veces en momentos divertidos y por desgracia también en otros más delicados.

Los que más o menos habéis seguido la historia de Blu, mi Autobianchi A-112 LX del que publicamos un reportaje excelente sabréis que en aquel lejano 2008, corriendo mi primer Costa Brava Històric, se encendió una chispa. La vida ha transcurrido por mil situaciones, momentos, épocas y estados y en 2019 volvió a hacer  “click” el mechero de la llama.

Había que volver, necesitaba volver.

Una mañana del mes de julio, mientras trabajaba en mi oficina, ya con el café a medio acabar, y ojeando un Facebook plagado de eventos que no me decían nada, apareció el aviso de las inscripciones al Rallye dels Volcans para el 21 de septiembre. Prueba de regularidad por carretera abierta.

“Click”, hizo de nuevo el mechero.

Había pasado demasiado tiempo, Blu estaba mejor que nunca y la confianza en mí mismo al volante estaba en horas altas. La Garrotxa, región interior de Cataluña por la cual discurre el «Clàssic dels Volcans», es preciosa y los números cuadraban. Ese rallye en particular siempre me había despertado especial interés. Definitivamente, iba a ser el escogido.

Pero no todo era pan comido, había un inconveniente sin importancia que debía resolver cuanto antes, y es que no tenía copiloto. Sergi, mi fiel colega estaba de vacaciones al otro lado del charco, mi copi de cabecera, Albert Lombarte, viviendo en Bélgica y sin nadie a quien confiarle el asiento.

Pero “Click”, hizo el mechero, y de aquí salió la mejor decisión que pude tomar, y llamé a Claudia.

Claudia es lo que perfectamente se puede denominar una “partner in crime”, es ese tipo de personas todoterreno que no teme a nada y que a todo me responde con un decidido sí. Nos conocimos en la universidad, casualmente el mismo año que disputé el Costa Brava, y desde entonces la de historias que podemos contar no caben en una tarde con un café.

Hace años le prometí que si un día corría un rallye de nuevo, quería que fuese mi copiloto, y del “problema” surgió una oportunidad perfecta, y su respuesta, de nuevo, un sí rotundo.

Debo contextualizar que esta chica, como ya os imagináis, tiene 0 experiencia en ser una copiloto de rallyes, ni que decir de regularidad.

Regu… ¿qué?, Me dijo cuando ya la había inscrito. Había trabajo por delante…

Pasó el mes de agosto y al volver de vacaciones, teníamos literalmente 21 días para todo. No había tiempo que perder. Tenía que preparar un coche que si bien ya era válido para disputar la prueba, podíamos adecuarlo mínimamente, y una copi que los únicos roadbooks que había visto eran los de la ruta gastronómica de la Lonely Planet por los Pirineos.

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Primer día de Test. Bazinga!

El 1 de septiembre, habíamos quedado en Palamós para hacer un ensayo real de unas condiciones de regularidad. RallyClassics nos cedió gentilmente un roadbook del Costa Brava del 2017 para poder practicar, el día era soleado, muy veraniego, y el tramo iba a discurrir desde Palamós hasta Sant Hilari Sacalm. En total unos 98 km de los cuales 50km eran de tramo de regularidad por carretera abierta, condiciones habituales en regularidad.

Café y croissant entre pecho y espalda, Claudia diciendo que aún tenía hambre (siempre tiene más hambre), nos subimos a Blu y nos dirigimos hacia el tramo de enlace, replicando con la máxima fidelidad posible lo que nos íbamos a encontrar. Llegamos al tramo y lo preparamos con nuestros instrumentos.

Empezamos ensayando con un RT3 Rally que le compré a Angel Iraberri y del que tenía buenas referencias por su versatilidad y facilidad de uso. Cogimos el tramo y lo dividimos en 3 sectores, aplicando la velocidad media impuesta y obteniendo valores de tiempo, nos inventamos una hora teórica de salida y adelante.

El primer ensayo fue bien, léase bien el hecho de haberlo hecho 20 segundos más rápido que lo impuesto. No era nada descabellado, habíamos encontrado algo de tráfico “civil” y para ser la primera, pues era un buen punto de partida.

El segundo tramo suponía coronar Sant Hilari y ahí vinieron las emociones “fuertes” y de donde sacamos conclusiones. Aquí hago la primera aclaración, aun siendo un rallye de regularidad por carretera abierta y a velocidades legales, si el organizador impone una media de 50km\h por un tramo de subida revirado como el bigote de un tirolés… agárrate, que vienen curvas, porque se pasa rápido.

¡+6 segundos! ¡Esto pintaba bien! Éramos capaces de hacerlo. Se marchaban así algunos fantasmas y dudas sobre cómo de competentes podríamos ser. Llegamos a Sant Hilari y nos fuimos a comer con el buen sabor de boca de saber que había ido bien, ¿y sabéis algo? No tenía dudas, algo me decía que lo haríamos bien. Claudia no se mareaba, no se perdía ni se venía abajo ante tal meneíto entre curva y curva. Todo pintaba genial.

Tocaba preparar a Blu

El pequeñajo es un coche ágil, se inscribe muy bien en las curvas, es dulce en las transiciones de apoyo y te perdona muchos errores; 13 años llevándolo así me lo confirman.

Pero podíamos ponerlo más “racey”, así que prescindí de los asientos traseros, y abatiendo los respaldos, queda un biplaza de lo más versátil. Caja de herramientas, una maya elástica para fijar la carga trasera e instalamos los arneses para mitigar un poco los zarandeos. El lugar del copi lo mimamos instalando el Rt3, calculadora y demás enseres de copi. Exteriormente, para rematarlo, lo vinilamos con los logos de RetroRacing.es a los laterales y de nuestro patrocinados, Desguaces Gándara 4×4. Desde aquí, aprovecho para agradecer a Pepe la predisposición y el apoyo incondicional que siempre ha tenido para conmigo y mis aventuras.

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¡Que pintón! ¡Qué bonito! Esto ya se acercaba! Estábamos a 2 semanas del Rally dels Volcans…

Aún teníamos deberes que hacer, decidimos instalar el Rabbit Rally para tener un punto de apoyo y teníamos que descargar las tablas de velocidades medias y anotar los tiempos teóricos de paso. Todo ello para llegar el sábado listos, con las menores preocupaciones y tener la cabeza despejada.

Segundo test, nervios y cuenta atrás

La semana anterior decidimos ir a Olot, ya con el tramo de calibración establecido para habituarnos a lo que nos encontraríamos. Lo cierto es que no nos sirvió de mucho, debido al tráfico que había por la zona y que no nos permitía trastear con los aparatejos sin sentirte un estorbo. Así que volvimos a buscar un buen restaurante y tranquilamente comentar la jugada.

Claudia sentía la presión de hacerlo bien, era totalmente normal, una persona totalmente ajena a este mundo de golpe se va a meter en un rallye en el que hay que jugar con velocidades, tiempos, medias, y sin marearse, sin desfallecer, siempre atenta. Y no podía estar haciéndolo mejor, lo cual me reafirmaba en la buena decisión que había tomado, y ahora me tocaba a mí devolverle parte de esa tranquilidad, quitándole hierro al asunto.

-¿Y sí nos perdemos? ¿Y si lo hago mal?

-Claudia, no nos ganamos la vida con esto, lo hacemos como lo que es, un juego. Salgamos a disfrutar y vivir la experiencia.

Llegó el viernes 20, y subimos para Olot después de salir de nuestros respectivos trabajos para el hotel, y ahí nos dimos cuenta de dos cosas.

1º-Nos faltaba una luz frontal para Claudia.

2º-Una de las luces de mi velocímetro estaba fundida y me costaba ver la velocidad.

Así que nos hicimos con un set de frontales y linternas para que no nos faltara luz y que el interior pareciera la ciudad de Vigo en navidades; llegamos al hotel La Perla de Olot sobre las 21:00 y adivinad qué hicimos para quitarnos los nervios: buscar un restaurante y comer, claro.

Los nervios de Claudia eran evidentes. Ya nos habíamos encontrado a algunos participantes, con la curiosa anécdota en el hotel, al decirnos la recepcionista que había también un participante con uno de estos coches “viejos” de carreras… resultando ser un tal Xavi Piña con un Lancer Evo IV.

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Así que para tranquilizarla, decidí que en toda la cena y lo que quedaba de noche, no hablaríamos más del rallye, recordamos mil batallas de nuestra época de universitarios y dimos una pequeña vuelta por la zona, que ya empezaba a dar atisbos del temporal que vendría el sábado.

Sábado 21, que empiece el espectáculo.

Y llegó el día. A las 07:30 saltaron los despertadores ¡y todos en pié! Ponernos guapos con los polos del Club Maresme Classics, bajamos a por el café, despertamos a Blu y rápidamente a pasar verificaciones.

Llegamos al alberg Torre Malagrida, un precioso edificio de estilo “noucentista” ubicado en la entrada al paseo central de Olot y que sería donde gestionamos verificaciones y nos darían dorsales y roadbook. Los participantes iban llegando y el ambiente era muy festivo, a pesar de la lluvia incesante y que nos acompañaría toda la jornada. Colocamos dorsales y justo detrás de nosotros paró uno de los equipos favoritos, el compuesto por Juan Pedro García y Sergi Giralt, casualmente con un Autobianchi A-112 Abarth.  Las comparaciones son odiosas, y literalmente era como comparar dos hermanos el cual uno es atleta y el otro pasea los domingos por el parque.

Pero estábamos ya con el dorsal (número 40, buena premonición ya que el 4 es mi número) y nos lanzamos a calibrar instrumentos en el tramo de enlace, esta vez sí, trasteando y probando mil situaciones, todas saliendo más o menos según lo esperado, y cruzándonos con mil y un participantes.

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Llegamos al parque cerrado y, colocándonos en semi batería encima del boulevard, y con los árboles en plena muda otoñal, la estampa era genial. Nos centramos en revisar el roadbook, comprobar que entendíamos toda las leyendas y recibiendo entre abrazos y saludos a los amigos y familiares que habían venido a vernos. Decir que como nota a destacar, y de lo que no podemos estar más agradecidos, es de haber tenido a nuestro compañero en RetroRacing.es y amigo Pedro Valiente como fotógrafo particular del evento. ¡Toma ya!

Pero el programa era apretado sin duda y una vez hecho el briefing de pilotos, tocaba meterse dentro del coche, ajustar arneses y ponerse en la cola de salida, 11:40h era nuestra hora. Así que bajo una lluvia que no daba tregua, arrancamos decididos a hacerlo bien, a hacerlo muy bien.

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Desde el primer momento nos vimos capaces y con el ritmo necesario para ir sin problemas. En estos rallyes, lo importante es sobre todo la navegación más que las medias. Poder recuperar una media es más o menos sencillo si mantienes la navegación y no te pierdes, pero si te pasas en el desvío, te equivocas en la rotonda… ay amigo, esto se complica.

El rallye se volvería una prueba con constantes variaciones de media, poniendo a prueba al copiloto, y la mía lo bordó. Tendríamos “trampas” de velocidades constantemente y de lo que nos advirtieron de inmediato era del delicado estado del asfalto en muchos puntos. Desde el briefing nos dejaron claro que “no tocaríamos tierra” y la verdad ni falta que hizo, ya que en toda la prueba (unos 300kms totales) pudimos rodar sobre absolutamente todas las rugosidades existentes, desde el asfalto más suave, al más roto, castigado… y sucio.

Teníamos una primera mitad de rallye con un reagrupamiento después del TR4 para descansar y reponer fuerzas. Empezamos con Coll de Bracons y La Trona con la fluidez que caracteriza a esos tramos, llegando a clasificarnos 37 saliendo de la Trona, y ya con el TR3,- Santigosa llarg, nos metimos en los frondosos bosques de la Garrotxa, y vinieron las sorpresas.

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Nos reagrupamos después del TR4- Capsacosta frescos y animados, todo iba perfecto y nos manteníamos en media tabla sin problemas. Pudimos reponer fuerzas con el menú de mediodía que nos facilitaron desde la organización y junto con Pedro, pudimos ver lo que había por delante. Qué tío, nos lo íbamos encontrado en casi cada tramo listo con su cámara. Sin duda nos alegraba un montón encontrarlo.

Intercambiamos impresiones con los participantes, entre ellos con Antonio Arderiu, de quien seguramente habréis leído el genial artículo de su aventura en el Montecarlo Histórico con otro Autobianchi. Como era de esperar, compartimos la misma sensación sobre nuestra montura: con este se hace bien, se hace fácil.

Arrancamos a las 15:42 del concesionario Audi-Autopodium con las pilas cargadas, la lluvia seguía leve pero incesante, poco a poco iba calando en la región y se volvería más protagonista de lo deseado.

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Rodar rápido y el asfalto sucio y húmedo nunca se han llevado bien, y si bien es cierto que Blu es un buenazo llevado al límite, sobrepasamos dicho límite en alguna ocasión. Ya en el TR6-BEUDA-EL MONT, en una pronunciada horquilla de bajada a derechas ¡alarma!, clavamos frenos y no había dirección, solo un talud de piedra delante de nosotros, y no podía permitir que le pasara nada ni a nosotros ni a Blu, bajo ningún concepto, así que inmediatamente tiré del freno de mano para provocar el trompo y al menos no impactar frontalmente. La fortuna y la inercia en bajada hizo que ese trompo nos frenara ya apoyados en la cuneta, sin mayor contratiempo que los segundos perdidos.

El instinto me hizo tender la mano hacia la copi, tratando de tranquilizarla.

-¿Bien? Le pregunté.

-Sí sí, ¡sigue sigue!, me respondió con el temple del que lleva toda la vida en esto, sin apartar la vista del roadbook, y sin el menor signo de alarma.

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¡Seguimos!, había que recuperar el tiempo perdido y llevar a Blu en el filo, rápidos, sin dudas, pero con la punta de los dedos. Había momentos en los que no tenía el tacto del eje delantero, no sabía que sucedía debajo de mí, en cualquier momento podía perderlo y simplemente irnos rectos, sin más opciones de recuperarlo… pero no fue así, y siguió devorando curvas y curvas sin un titubeo. Solo de pensarlo ahora me arranca una sonrisa.

Llegamos al reagrupamiento de Melianta, reponiendo fuerzas bajo el cobijo de su pabellón, comiendo un poco, estirando las patas y cambiando impresiones.

¡Y arrancamos! Teníamos por delante la parte final de la prueba con 4 tramos que serían navegación pura y dura, sobre todo dura. Seguimos pasando tramos y siempre contábamos con un average muy similar de desfase negativo (yendo más lentos) para no penalizar y poder ser sancionados por ir más rápidos (lo cual puede suponer la exclusión si sucede durante 3 tramos consecutivos). Pero siempre muy cerca del teórico ideal.

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El TR8-FONTCOBERTA fue un tramo con un asfalto especialmente roto, poniendo a prueba la resistencia de las máquinas y penalizando aquellos que disponían de menor altura libre. Blu es un coche alto de serie, y junto a sus neumáticos de serie (155-70 R13), pasábamos sin problemas. Pero ese no resultó ser nuestro problema, sino caer en las trampas de la organización. Nos equivocamos en un desvío de 3 ramales y junto con nosotros varios participantes, tanto antecesores como predecesores. El caos se apoderó por unos instantes de la situación, nadie sabía por dónde tirar, así que paramos el coche y sin prisa, decidimos parar y mirar con detalle qué teníamos que hacer. Conseguimos desbloquear la situación y seguimos.

El Rabbit funcionaba bien… hasta que dejó de hacerlo en el TR9-MIERES. Qué razón tenía Francesc Rodríguez “Cesky”, con su Skoda Favorit: “-El rabbit va muy bien, pero siempre te la lía en algún tramo”-. Y este tramo en particular lo hicimos a ciegas, sabiendo que no había cambios de medias, así que nos centramos en poder resolver los problemas de medición y centrarnos en el décimo y undécimo tramo final.

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Y cayó la noche. Y por delante los dos últimos tramos. En el TR10-BATET DE LA SERRA ya empezábamos a notar atisbos de cansancio, este tramo era especialmente estrecho, con muchas intersecciones, y volvimos a equivocarnos. Esta vez fue totalmente mi culpa al no ver a tiempo la intersección con unos contenedores marcados en roadbook. ¡Malditos! ¡Qué escondidos estaban! Perdimos mucho tiempo buscando cómo volver y recuperar el ritmo teórico, pero lo conseguimos.

Y en plena noche, llegamos al último tramo. TR11-VALL D’EN BAS, una especial que discurría por zonas vecinales y que era un “ juego” de navegación entre calles, poniendo a prueba las indicaciones, y con constantes cruces de participantes, lo cual provocaba dudas y forzaba a cometer errores, ¡pero no fue así! Este tramo se volvió trepidante y muy muy tenso por las constantes indicaciones, y de golpe salimos y sin asimilarlo…

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¡Se había acabado el rallye!

Extasiados y agotados, nos dirigimos al reagrupamiento final, en pleno Passeig Bisbe Guillamet de Olot, con un parque cerrado al más puro estilo Montecarlo. Aparcamos a Blu en una apretada semi batería y justo al bajar, no podía más que ir a buscar a mi copi y alzarla con el mayor de los abrazos. ¡Lo habíamos conseguido! ¡Y de una forma inmejorable! No podía estar más contento por absolutamente todo. Blu había sido un guerrero infatigable y eficaz, nos había cuidado, y sin rechistar, había hecho todo lo que le pedimos, porque no nos engañemos, por mucho que sea un rallye de regularidad, estas pruebas machacan a los coches.

Ya en el parque cerrado, las charlas con los demás participantes se sucedían, nos volvimos a encontrar con Antonio Arderiu, teniendo una charla muy amena sobre los coches, e incorporándose posteriormente Cesky. El ambiente es fantástico, haber acabado el rallye y poder disfrutar de la prueba con todos los participantes, y cómo de una pelea o pique en el tramo, al salir del coche se convierte en admiración y un respeto enorme, sabedores de haber participado con respeto y mucho fair play.

Agotados, nos dirigimos hacia el restaurant Can Xel, en Santa Pau, donde una cena genial y la posterior entrega de trofeos puso el colofón final a la prueba. Emprendimos el viaje de vuelta a casa agotados, pero tremendamente contentos, fue un reencuentro con los rallyes inmejorable. Todo salió mejor que perfecto. Y cualquier expectativa se vio superada.

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Ya como valoración final, la organización del rallye fue ejemplar, Cerdanya Racing lo está haciendo bien y en todo momento nos sentimos cómodos y muy mimados, realmente así da gusto correr. Lo único “criticable” quizás es lo apretados que discurrieron los tramos, con poco espacio para descansar, pero se trata de correr y es una prueba deportiva, así que nada a alegar al respecto.

Si sois aficionados al motor clásico, y tenéis un coche que reúne las características, ya sea más potente o más humilde, eso es lo de menos, mi consejo es que probéis la regularidad. Hoy en día existen diversos formatos de prueba, más cortos o más largos, para probar, jugar y sobre todo, y lo más importante, disfrutar.

Porque no se trata de correr, se trata de disfrutar de la afición que nos une. Y somos conscientes que es un desembolso económico y que expones tu coche a un cierto riesgo (menor, todo sea dicho), pero si la probáis, estoy convencido que algo va a hacer que os salte el “ Click” que nos ha despertado a nosotros.

No tengáis miedo a hacerlo mal, no entender de qué va estos de las medias, las tablas, los roadbooks… todos han empezado igual que nosotros, como meros novatos, y luego siempre se tiene tiempo a afinar y mejorar. No hacen falta grandes aparatos, con un reloj de cocina y una calculadora se hace regularidad. Las grandes piezas a mejorar del conjunto solo son dos: el piloto y el copiloto.

Convenced y engañad a algún amigo o amiga, a vuestras parejas, maridos o mujeres, para hacer equipo. Os sorprendería gratamente ver la de matrimonios o parejas que se han animado a hacerlo y lo que disfrutan. Si no, acercaros en una prueba a verlos, a charlar y preguntar, seguro que no hay problemas en que os expliquen de qué va.

Y si un día nos cruzamos en un rallye y nos encontramos, ¡ya me lo diréis!

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Para acabar, agradecer a absolutamente todos los que habéis ayudado para hacerlo posible. Al Club Maresme Clàssics por habernos dejado correr bajo su nombre, estoy seguro que es el primero de muchos.

A RetroRacing.es por haberme permitido ser embajador de la marca, de pasearla en un rallye de regularidad. Siempre lo he dicho, soy un privilegiado por permitirme hacer lo que hago bajo su nombre, y de lo que disfruto gracias a ellos, qué menos que pasear ese nombre y ese proyectazo y hacerlo juntos.

Al gran Pedro Valiente. Increíble lo de este hombre, cada dos o tres tramos, Pedro estaba allí, infatigable, ¡y mirad qué fotos! Decidme si no es ser un privilegiado, a él y su apoyo mil gracias.

A Desguaces Gándara 4×4, por haberme apoyado desde aquel lejano 2008 y siempre ser parte de lo que he hecho, Jose es amigo de la familia desde que yo tengo uso de razón y es un orgullo tenerlo como patrocinador.

Y Claudia, ¡qué copi! Era su primer rallye, y tiene ya las tablas de quien lleva media vida. Fue la cabeza sensata, la que me echaba la bronca cuando hacía falta, pero también la que me calmaba y me animaba. Ha sido una chica todoterreno y se ha adaptado en tiempo real y sin rechistar a todo, sin dudas, sin condiciones. Podría lanzarle al aire las llaves del coche y decirle que lo llevara rápido, y sin apenas haberlo llevado, es capaz de hacerlo. Gracias por una aventura más.

¡Larga vida a la regularidad!

 

Texto: Carlos Carballo.

Fotos: Pedro Valiente. Todas las imágenes son propiedad de su autor. Todos los derechos reservados.

Carlos Carballo


Carlos es de Barcelona, pero su credo bien le podría hacer pasar por modenese: es orgulloso propietario de un Autobianchi A112, se mueve por la ciudad en Vespa y su ídolo es (y será) Michael Schumacher. Si a ello se suman su formación como ingeniero y las palabras Epsilon Euskadi en su portfolio, a Carlos le sobran argumentos convertir en interesante cualquier tema que se proponga.

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