Carles Jiménez nos explica en primera persona lo que es vivir tu primera Noche del Turini como participante del Rallye Monte-Carlo Historique. Un relato cargado de emoción y adrenalina narrado por el copiloto del Seat FU 1430 cuidado y mimado por Seat Coches Históricos:

«Martes 6 de febrero. Hotel Fairmont, Monte-Carlo. Quinto día de rally. Suena la alarma del despertador del móvil, son las 20:00 y creo que he apurado demasiado, en 1h y 5 minutos el coche tiene que estar en el control horario del puerto de Mónaco.

Preparo las cosas y reviso la mochila de copiloto para encontrar el roadbook. Nos recoge un Seat Ateca de la gente de Seat Coches Históricos. Ya en el puerto, arrancamos el Seat 1430 para ir calentando el motor. Hoy es la noche del Turini y nos esperan dos tramos que marcarán el final del rally. La info de los ovreurs es precisa: carretera seca, excepto los dos últimos kilómetros antes de coronar Turini, y todo el trozo de Peira Cava bañado por una mezcla de nieve, hielo, barro y hace que la carretera se transforme en una pista de patinaje.

Entramos en nuestro minuto al C.H., salimos del puerto y cuando no llevamos ni un km, al pasar por el Casino, el roadbook no está claro y nos perdemos. Sin ponernos nerviosos (mi piloto Joan Dalmau y yo conocemos bastante bien Montecarlo) hacemos un par de calles arriba y abajo, no encontramos las indicaciones que marca el libro de ruta, pero pronto ya estamos encarados en dirección a Sospel.

La subida hasta Sospel es muy auténtica, a cada lado de la carretera vas encontrando las asistencias de los 300 equipos participantes, con luces de diferentes colores para orientar a los pilotos y neumáticos de varios tipos preparados para las elecciones de última hora. El ambiente entre público y asistencias te transporta a un estado anímico de excitación, todo son gritos de ánimos y apoyo, es indiferente el dorsal, posición o coche que traigas, te sientes un gladiador a punto para saltar al circo romano.

Nos paramos en la asistencia de Sospel, donde Juanpa y en Dani (dos de los mecánicos de Seat) nos esperan. Elegimos neumáticos con clavos y tacos para pasar sin dificultades por la nieve y el hielo, aun sabiendo que el 85% del especial está seca. La Regularidad es diferente a la velocidad, los clavos te permiten ir en seco y no perder mucho, y cuando llega el hielo, te garantizan un buen grip y suficiente tracción. Nos situamos a la cola para disputar la especial. Ahora sí que viene el subidón, situados ya bajo la carpa del Automobile Club de Monaco, ¡¡estamos a 30s de salir!! Verifico aparatos (blunik en este caso) y semáforo verde.

Joan ya empieza a ver que el Turini no será un paseo, toca correr al máximo puesto que en muchos trozos no se alcanza la media de 49.6 kmh impuesta por la organización. Las paellas se empiezan a acumular, tirando de primera velocidad y con la ayuda del autoblocante intentamos perder el menor tiempo posible en el asfalto seco. Mientras tanto, yo le voy cantando las curvas según el GPS, anticipando las paellas y avisando de no aflojar mucho en las rápidas, que te regalan unos segundos importantísimos.

Sin darnos cuenta aparece la nieve en la carretera, a la vez que empieza a nevar. Yo ya reconozco dónde estamos y sé que queda poco para coronar, así que animo al piloto que va controlando la trasera del 1430 que parece que tener vida propia, y a la vez disfruto, porque Dalmau está haciendo una conducción espectacular y precisa.

De repente empiezo a ver mucha gente, esto sólo puede significar que estamos arriba, y efectivamente, encaramos la última recta y le indico que cuando coronemos giraremos de izquierdas dirección Peira Cava. La gente grita y los flashes de las cámaras no paran. Encaramos la bajada. El tramo hasta Peira Cava siempre está muy helado y nos hace ir muy prudentes, sobre todo las derechas donde la semana anterior, los del WRC las pasaban canutas.

Una vez llegamos a Peira Cava, el pueblo marca una señal de prohibido ir a más de 30 km/h, decidimos respetarlo, puesto que en este rally controlan las velocidades en las poblaciones (incluso dentro de tramo) mediante GPS. Vamos perdiendo muchos metros y el coche que ha salido 30s más tarde nos está atrapando (él no ha respetado la señalización, arriesgándose a que le caigan 8 minutos de penalización), pero seguimos respetando y a la que finaliza el pueblo, GAS como si no hubiera mañana para recuperar la distancia perdida. Llegamos al cruce del Col du Saint Roch, giramos a la derecha y aceleramos por el asfalto viejo todo lo rápido que podemos. Está seco pero sucio de piedras de los coches anteriores. Vamos enlazando derechas e izquierdas.

Resulta precioso e hipnotizador ver por la ventanilla el recorrido de los otros participantes, todo está oscuro y negro y vas viendo como las parrillas de faros van dibujando un recorrido montaña arriba. Es un gozo este rally, porque no hay ni uno solo de los 300 coches con luces de LED, totalmente prohibidas.

Cuando llevamos 1h y dos minutos de especial vemos al final de una recta la pancarta de final de tramo, y cuando la cruzamos la euforia nos hace gritar y darnos la mano. ¡Qué descarga de adrenalina! Somos conscientes que acabamos de disputar la famosa noche del Turini del Monte-Carlo Historique, emulando a miles de pilotos de tiempos pretéritos!!!

Este rally es una auténtica montaña rusa de sensaciones y sentimientos, y cualquiera que haya participado lo podrá certificar. Durante el enlace hacia el último tramo van apareciendo los resultados. Finalmente hemos hecho un 12º scratch, que sobre 300 coches y teniendo en cuenta el recorrido del Turini (este año eran 50km de tramo) y a bordo de un coche de 90CV (motor y cambio de serie) lo consideramos un magnífico resultado.

Una grata experiencia tanto para Dalmau como para mí. Seguro que no olvidaremos nunca esta AVENTURA.

Carles Jiménez

Más Microhistorias Racing exclusivas en nuestros canales de Facebook e Instagram.

Todas las imágenes son propiedad de su autor. Todos los derechos reservados.