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Hace un año, en Motorland Classic 2018, descubrí en persona los sidecares de competición; si bien tenía noción de sus carreras al haberlas visto por la tele, en directo la experiencia fue genial: qué sincronización, ¡qué máquinas!, me quedé embobado. Maldito el día que me dijo Sergi: -“oye, pues pagando el seguro correspondiente, puedes salir a pista y hacer el “bautismo” con ellos”.

 

Así que este año decidí que la opción no se me escapaba e hicimos los contactos pertinentes con Leandro y Rosa del equipo de competición FIRE, el único equipo español de sidecares en activo, para poder hacer el bautismo. Y así fue:

 

Llegamos justos de tiempo al circuito de Motorland y rápidamente Leandro me acompañó a ver el cohete que me iba a llevar y a su piloto y propietario, Eric, un chico joven de talante calmado, y a Quim, otro copiloto que disfruta de los sidecares tanto como puede.

– “Sobre todo, y lo más importante, nunca, bajo ningún concepto, sueltes las dos manos”, y acto seguido, todos los pasos del pasodoble que iba a bailar sobre ese monstruo en la pista.

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El puesto del sidecar es cuadrado, de unos 90x90cms ligeramente acolchado y con diferentes puntos de agarre, todos útiles para poder realizar las tres posiciones básicas: línea recta, giro derecha e izquierda.

Y con el tiempo más justo que apurado, a pista. Para mi tranquilidad Eric me dijo: – “dos toques en la espalda para que afloje el ritmo, y tres para parar”. No hicieron falta.

¡Semáforo en verde y a por todas! La primera vuelta fue muy cauta, Eric trazaba muy recto para que yo pudiera coger el ritmo de las transiciones entre posturas, y así él saber cuánto de rápido o lento podíamos ir. Poco a poco me iba sincronizando y todo empezó a surgir de manera fluida. Las fuerzas inerciales me ayudaban a catapultarme de una posición a otra en las enlazadas, sin apenas hacer esfuerzos.

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Fuimos ganando confianza en conjunto, y conseguimos hasta atrapar a un equipo de los habituales. Hasta Eric miró dos veces hacia atrás, ¡pensando que me había perdido al no notar cambios bruscos! Buena señal, sin duda.

En todo momento ves lo que pasa desde ahí adentro. Vas encogido, pero no es incómodo en absoluto, Motorland es un circuito joven con un asfalto muy liso y apenas había traqueteos.  Tomaba como referencia los movimientos de otros participantes para yo replicarlos y lanzar mi cuerpo cuando fuese necesario. ¿Y el momento de la recta? Totalmente encogido, con la visión perfecta de la recta, y esa bestia acelerando sin piedad, con tus pies colgando a dos dedos del asfalto. Increíble.

No os miento, me supo a poco, ¡yo quería más! Fueron un total de 4 vueltas, entramos a pit lane y mi cara era de una felicidad tremenda. ¡Lo habíamos hecho!

Agradecer a todos los que habéis hecho posible que haya podido subirme y disfrutarlo, y sobre todo por hacerlo fácil y sentirme como en casa.

¡Larga vida a los sides!

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