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Si tuvieses frente a ti un cheque en blanco que te permitiera elegir tu coche perfecto de uso diario, ¿cuál elegirías?

Yo tal vez me decantaría por un BMW Z1 (por el exotismo del descapotable) o un Jaguar E-Type Serie 1 flat-6 (porque es el clásico elegante por antonomasia), aunque tal vez un hot-hatch bien preparadito fuera la elección más razonable, especialmente por cómo está el tráfico en Barcelona.

En todo caso, esta introducción me sirve para presentar el coche que un buen amigo usa habitualmente en sus desplazamientos por la Ciudad Condal. Y es un coche que da mucha envidia. Porque pocos futuros clásicos (en realidad, ya clásicos por derecho, dado que el inicio de su producción ha alcanzado los 25 años) son capaces de aunar prestaciones, comodidad, diseño atractivo y precios de derribo en el mercado de segunda mano como el Subaru SVX.

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Quedamos en la entrada de un estrecho garaje del Eixample barcelonés, y la primera impresión que me da el SVX es la de un coche para el que el tiempo no ha pasado. «¿Este coche es del 92?» «¿Y se podía comprar en España?», son mis primeras preguntas. Sí a ambas, aunque lo más probable es que, como yo, apenas lo hayáis visto un par de veces en circulación, puesto que su producción (entre 1991 y 1996) apenas alcanzó las 25.000 unidades a nivel mundial, de las cuales poco más de 50 llegaron a España.

No en vano, era un coche que debido a la exclusividad y los impuestos por importación, costaba aproximadamente 6 millones y medio de pesetas, apenas contaba con servicio técnico y por sus prestaciones y dimensiones, no se posicionaba ni como un deportivo, ni como una berlina. Ah, y con sus 4,70 metros de longitud, no era el coche más ágil ni frugal del momento (serías un genio si bajaras de los 18 litros a los 100 en circulación urbana).

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Eso sí, a cambio de su elevadísimo precio, te llevabas lo más parecido a un prototipo que jamás se haya producido en serie, porque el concept car que inspiró al SVX y que se presentó en el Salón de Tokio de 1989 pasaría perfectamente como una unidad convencional más.

Una apuesta arriesgada firmada por Giugiaro

Conocida por fabricar automóviles duros como el Leone, y siempre unida a su apuesta por la tracción integral, Subaru afrontaba la década de los 90 con la intención de hacerse un espacio en el mercado de los coches de lujo.

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Así nacía primero el Subaru Legacy, una preciosa berlina que también llegó con cuentagotas a España (no así a Andorra), antes de que la firma japonesa contratara a Giorgetto Giugiaro para diseñar un deportivo prestacional con un estilo futurista, poco convencional y con el perímetro del habitáculo completamente acristalado, inspirado en las cabinas de los aviones.

Este es sin duda el gran rasgo característico del SVX, con una solución window-to-window realmente curiosa, diseñada debido a que, para mantener un buen coeficiente aerodinámico usando solo superficie de cristal, la curvatura de este es demasiado pronunciada al llegar al techo como para poder esconderse dentro de la puerta al bajar la ventanilla. La solución es efectiva y muy elegante, y tiene una gran ventaja: se puede circular con las ventanas abiertas y el ruido del viento que entra en el automóvil es muy reducido.

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Pero estéticamente, el Subaru SVX tiene mucho más que ofrecer, arrancando por ese afilado frontal que sí, tiene un look muy noventero, pero queda perfectamente camuflado por una carrocería que podría hacerle pasar por un automóvil del siglo XXI.

A partir del pilar C se nos descubre una zaga totalmente innovadora, con un voladizo de considerable tamaño que alberga un gran maletero, una doble salida de escape y las luces traseras conectadas horizontalmente, en un juego lumínico plenamente contemporáneo. De noche, el SVX es fácilmente confundible por un automóvil actual.

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El habitáculo del coche también es destacable, porque su elevado precio no empaña un interior equipado con todos los extras que solo un % muy pequeño de conductores tenían a su disposición en aquel momento: techo solar eléctrico, climatizador, elevalunas eléctricos o asientos calefactables. Y todo ello con una tapicería en piel y alcántara y una enorme cantidad de botones y funcionalidades, al gusto del conductor americano, el auténtico mercado al que estaba destinado el SVX.

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De hecho, debido a esta predisposición del modelo hacia los Estados Unidos, en Subaru se decidió que el coche montaría un único propulsor unido a una caja de cambios automática de 4 velocidades, sin duda una solución que le restaba mucho atractivo en Europa. El motor del SVX es un 3.3 litros de 6 cilindros bóxer de 230 CV y tracción integral con distribución variable de par 60-40 (aunque en América se comercializaba con un diferencial autoblocante LSD, y en Japón hubo  una versión con un propulsor más pequeño).

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Motor del Subaru SVX

  • Motor: Delantero longitudinal de 6 cilindros en disposición horizontal y opuestos
  • Válvulas: 24 válvulas (4 por cilindro)
  • Potencia máxima: 230 CV a 5.600 rpm
  • Par motor máximo: 309 Nm
  • Velocidad máxima: 235 km/h
  • Aceleración 0-100 km/h: 7.5 segundos

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Aunque con sus 1.610 kgs de peso en orden de marcha y su cambio de marchas lento, el SVX nunca ha sido un coche para circular rápido y con agilidad. Su propietario lo explica: «El Subaru SVX no es ni tan deportivo como un Nissan 300ZX o un Mitsubishi 3000 GT, ni tan cómodo para viajar como una berlina alemana. Pero aún así, yo sigo pensando en él como un coche de uso diario apasionante».

Este SVX fue vendido a finales de 1992 (una de las primeras unidades que llegaron al país) en Vitoria, y su propietario le dio un uso habitual viajando por la península, hasta que a inicios de la década pasada decidió rematricularlo y sustituir la matrícula provincial para evitarse disgustos. Unos años después el coche fue vendido a su segundo propietario, en Zaragoza, aunque poco después ya se vino a Barcelona, donde como explicaba, podemos verlo circulando habitualmente por el centro y cumpliendo con su cometido de llevar al niño al cole, ir de compras o formar parte de los atascos de cada operación salida de la capital catalana…

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Y aunque la parte racional no suela ser importante cuando pensamos en un clásico, hemos querido hacer este ejercicio con el propietario y saber cuáles son los puntos negativos del modelo, que se maximizan cuando se le da un uso continuado. A saber:

  • El coche tiene dos grandes problemas mecánicos que se acaban reproduciendo en casi la totalidad de las unidades: su cambio automático se acaba dañando debido a un posible error de diseño en el sistema de refrigerado; y los cojinetes de las ruedas no soportan el peso del coche y tienden a tener que cambiarse.
  • Más allá del precio, el problema es también encontrar un servicio técnico que lo solucione y que disponga de las piezas, que normalmente vienen desde Bélgica con un tiempo de espera poco menos que indignante.
  • Su habitáculo es muy caluroso debido al perímetro de cristal y es también bajo, por lo que dependes del climatizador para que la temperatura sea adecuada.

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Pero aún con estos peros, se trata de un gran coche que debido al desconocimiento existente en nuestro país, tiene unos precios realmente asequibles cuando alguna unidad sale al mercado de segunda mano. Y pocos coches de los 90 pueden permitirse el lujo de ser confundidos con modelos actuales.

Giugiaro, de nuevo, sabía bien que tenía entre manos un proyecto único al que los años han sentado de maravilla.

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Desde RetroRacing.es agradecemos la predisposición al propietario para realizar el reportaje. Todas las imágenes son propiedad de sus autor. Todos los derechos reservados.

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