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Hará poco más de un mes, solo unos días antes de salir hacia Hoznayo, estuve revisando todas las fotos y publicaciones que hice en mi primera visita al Rallye Festival Trasmiera, que fue en 2016. Y de hecho, fueron tantos los momentos especiales que me hicieron revivir las imágenes, que me animé a preparar un reportaje (que tal vez ya hayas leído) sobre Los 10 momentos imprescindibles del Rallye Festival Trasmiera.

La acogida que tuvo el reportaje fue muy buena, pero varias voces me pusieron en alerta. Según me decían, había cometido el error de no contar como momento imprescindible la llegada de los participantes a Hoznayo, en lo que significa cada año la despedida del evento.

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Y lo cierto es que no lo omití por despiste, sino que realmente lo viví en directo en 2016 y me dejó una buena impresión… pero no tanto como para llegar a impactarme. Tal vez porque no estaba tan implicado con el mundo del clásico como en la actualidad, tal vez porque estaba exhausto del fin de semana… pero viendo lo unánime de los comentarios recibidos, recogí el guante y avisé a los compañeros de viaje que esta vez quería vivirlo en primera fila y dejarme sorprender. Y vaya sí me sorprendió.

Este reportaje será breve, porque pienso que las imágenes hablan por ellas mismas. Después de tres intensos días de rally, mientras los coches iban regresando a Hoznayo desde Peña Cabarga, monté el gran angular en la cámara, me puse el peto de prensa y me situé, de manera cómoda, en la primera fila de personas que se empezaban a acumular a la entrada del parque de asistencia, justo debajo del podium.

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Algunos periodistas charlaban, los organizadores iban cogiendo sitio para asegurarse del correcto desarrollo de la ceremonia, mirábamos al cielo… y justo al hacerlo, el enésimo chubasco del día hizo acto de presencia, acompañado de pequeños gránulos de granizo, sembrando el delirio eufórico en mis compañeros de viaje Lander y Jordi, que también acumulaban una buen cantidad de horas aguantando la lluvia y el frío.

De repente aparecen Harri Toivonen y Cedric Wrede y se hacen una foto con la bandera de Finlandia, justo cuando los primeros motores empiezan a sonar en Hoznayo. Me cruzo con Dani Poo y me avisa: «coge sitio y disfruta». Esta vez estoy preparado.

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El primero en hacer el «paseíllo», ya con dos muros de personas a ambos lados es el Seat Ibiza Kit Car de Ferran Font, quien se lleva la primera ronda de aplausos. La cara del andorrano me lo dice todo: alegría, agradecimiento, estupefacción.

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Porque si en algo coincidirían la práctica totalidad de participantes, es que es casi imposible encontrar un evento con el ambiente del Rallye Festival Trasmiera. Cada persona, especialmente aquellos más habituales, son tratados casi como celebrities, ya seas un piloto ex-mundialista o un aficionado en tu único evento del año. Aquí se les conoce, se les admira, se les agradece el esfuerzo en venir… y vaya si se ve recompensado ese esfuerzo.

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Justo después, un motor bien alto de vueltas se presenta en el podio y la multitud ya prácticamente roza con sus rodillas los laterales de los coches. Ha llegado Frank Kelly, la auténtica revolución de esta edición con un pilotaje único de su Escort atómico. Se empiezan a ver reverencias hacia el piloto irlandés, que nos corresponde con un par de acelerones en vacío mientras su mujer le recibe con un beso y un fuerte abrazo.

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Pasan el Abarth de Fernando Hernández, el Matra de Alfonso González, el poderoso Mini de Alberto Conde… y «las chicas», Begoña Echevarría y María Fernández, las abanderadas del dorsal 1 en el Trasmiera, se llevan una fuerte ovación de la creciente multitud que está llegando desde los tramos.

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Sin apenas darnos cuenta, el pasillo es cada vez más estrecho y son tantos los vehículos, que la organización apenas puede recibirles como merecen, porque el atasco que están formando los más de 100 coches a la entrada de Hoznayo parece ser monumental.

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Dani Sordo Cayuso se lleva otra merecida ovación, como no podía ser de otra manera siendo uno de los pilotos locales más admirados. ¡Ay si pudiéramos haber tenido a Sordo Jr. también al volante!

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Con los Grupo B llegan otros iconos de la prueba, como Gary Gee, pero también nuevos amigos del evento como Reinhard Klein, quien no tiene más remedio que bajar del coche y agradecer el apoyo del público. Se le ve contento, orgulloso, agradecido.

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Llegados a este punto los sentimientos están a flor de piel, pero con la llegada del inconfundible Lancia Beta Montecarlo de Udo, acompañado por un emocionado Ángel Iraberri, yo también empiezo a hacer pucheros… sabemos que el alemán ha pasado por momentos muy delicados de salud, y su retorno al Festival ha sido una enorme noticia.

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¡Va que ya quedan pocos! Allá a lo lejos se empieza a oír un petardeo enorme, una auténtica traca valenciana en pleno Cantabria… las dudas sobre quiénes serán los culpables las disipa la imponente silueta del Galant Gr.A de Juan Navarro y Montse Flores, que entran formando un ruido ensordecedor y haciendo enloquecer a los presente.

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Pasan los Garrido, pasan Gabi y Mompy, Morera con el Impreza, Cardín completando una nueva edición con su 037… todos los nombres que podríamos decir de carrerilla van circulando entre aplausos que van in crescendo cuando el Córdoba WRC empieza a aparecer al final de la cola.

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Ahora sí, todos a aplaudir a rabiar a Gerard de la Casa, uno de los grandes artífices de haber permitido al Rally Festival Trasmiera dar el salto de un evento «especial» a catalogarlo siempre y llanamente como «imprescindible».

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La lluvia decide hacer acto de presencia con los últimos vehículos, arreciando y provocando el fin de fiesta unos pocos minutos antes de lo previsto. Buscamos resguardo debajo del podio, donde Toivonen, que no se ha perdido la llegada de un solo participante, ya está de nuevo haciéndose selfies con los aficionados, al grito de «¡10 euros por la foto!» (dicho con acento de Jyväskylä).

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Y así, en cuanto cesa la lluvia, llega el momento de poner el punto y final a apenas una hora de reloj, en la que hemos vivido multitud de emociones que van mucho más allá del terreno deportivo, para alcanzar el terreno personal.

Grandes todos y cada uno de los equipos presentes, pero enorme la organización por permitirnos vivir algo tan especial y diferente, que es ya ADN Trasmiera y que deja atrás los normalmente fríos y poco concurridos podios de los rallyes históricos, para dar paso a una experiencia única.
Dani, Juan, Montse, Mompy, Andrés… todos teníais razón. Valió la pena. Nos vemos en once meses.

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Nuestros reportajes sobre el Rallye Festival Trasmiera 2018:

 
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