Todo buen aficionado al mundo de la competición en nuestro país debería tener el apellido Juncosa entre uno de los imprescindibles para entender la evolución y profesionalización del automovilismo en la segunda parte del siglo XX. Por ello, ha sido muy especial para el equipo de RetroRacing.es poder tener una relajada conversa con Manuel Juncosa, «Manelet» para familiares y amigos, durante la realización del vídeo sobre Manuel Juncosa y el Fiat Abarth 1000 (haz click aquí para verlo).

Porque a sus casi 75 años de edad, el pequeño de los Juncosa sigue siendo uno de los pilotos con mejor palmarés deportivo de España. Campeón o subcampeón de España de Rallyes, de Turismos, de Subidas de Montaña y con decenas de entorchados a nivel catalán, su historia está plagada de anécdotas, de algunas oportunidades desaprovechadas y ante todo, de una pasión por el motor que movía a una familia entera y que aún hoy mantiene intacta.

RetroRacing.es: ¿Quién es Manuel Juncosa?

Manuel Juncosa: Manuel Juncosa es una persona cuya vida ha estado siempre ligada al mundo del automovilismo. Que mi padre tuviera un taller que se acabó convirtiendo en el importador nacional de Abarth me permitió durante muchos años trabajar como mecánico durante la semana y como piloto en los fines de semana, y disfrutar de una época apasionante.

 

RR: ¿Sería mucho pedir intentar hacer un repaso a su palmarés deportivo?

MJ: Bueno, recordar el palmarés será un poco complicado ahora mismo, me pasaría dos horas explicándotelo (risas). Entre los años 60 y 70 no paramos, con muchos años alternando incluso los campeonatos de subidas en cuesta y rallyes y sumando campeonatos y subcampeonatos tanto en España como en Cataluña. Las victorias en el Rally Costa Brava fueron muy especiales, el triunfo en el Trofeo Seat de 1969 previo a la carrera de Fórmula 1 en el Circuito de Montjuïc , luego en los 70 las victorias en el CET y el Desafío Simca… y ya casi jubilado, los años en el Dakar con Nissan o Pegaso.

Imagen: pinterest.es (Autor desconocido)

RR: ¿Con qué edad se puso en marcha su carrera como piloto?

MJ: Mi carrera empezó muy joven, con 14 o 15 años. Mi padre, que ya tenía Talleres Juncosa en funcionamiento, quiso que desde pequeño supiera cómo controlar un coche, y me apuntó al campeonato de Cataluña de gimcanas, que no requería de carnet de conducir y se celebraba en campos de fútbol y lugares similares. Con 17 años fui campeón de Cataluña, y de allí, di el salto al mundo profesional.

 

RR: ¿Y qué ocurre cuando, en 1960, un joven de 18 años se presenta a su primera carrera?

MJ: ¡Pues imagina las caras del resto de participantes! Fue en la subida en cuesta a Vallvidrera (Barcelona), y la disputé con un Seat 600, blanco inmaculado, y aún te puedo decir la matrícula: B-174028.

Primera carrera, la familia animando, una prueba en la que mi padre ya había corrido décadas atrás… fue un momento muy especial, y me llevé el segundo puesto.

Imagen: Seat 600 Foros (Autor desconocido)

RR: ¿A qué años nos tenemos que remontar para encontrar el inicio de la relación entre los Juncosa y las carreras?

MJ: En los años 50 mi padre ya había montado el taller Juncosa en la calle Mallorca, entre Muntaner y Casanova, en aquel momento aún especializado en marcas de alta gama. Y en el garaje tenía un Lancia Aprilia y un Alfa Romeo 1900, ¡coches que sacaba ya a competir! En L’Arrabassada ya se disputaban carreras en aquel momento, y de hecho en casa tengo una foto preciosa en la que se ve a mi padre, trazando la mítica curva a izquierdas de subida (la curva de la gasolinera) con dos ruedas en el aire, cruzando las vías del tranvía que subía al Tibidabo, y vestido con traje y corbata y un casco.

Así que desde niños, mi madre, mi hermano Jaime Juncosa, yo mismo y mis dos hermanas vivimos la competición de muy cerca.

 

RR:  Y más de cinco décadas después, ¿cómo ve el mundo de las carreras?

MJ: Bueno, en aquella época los participantes éramos simplemente aficionados al mundo del coche, que disfrutábamos y corríamos a partes iguales. Este espíritu, con el paso del tiempo, creo que ha ido cambiando y que, sea por intereses de las marcas o las empresas anunciantes, se ha ido perdiendo y dejado paso a un sector mucho más profesionalizado. Yo, cuando veía a un rival con algún problema, era el primero en echarle una mano, ponerme debajo del coche y ayudarle a reparar un amortiguador, piezas de la barra estabilizadora o lo que hiciera falta.

Imagen: puntavui.cat (Archivo Manuel Juncosa)

RR: Precisamente en este sentido, siempre comenta que usted corría como piloto profesional, algo que en aquel momento era muy poco común.

MJ: Sí, yo tuve la suerte de que la mecánica era mi profesión y tenía la «obligación» de participar para mostrar las preparaciones que hacíamos en el taller. Esto era parte del negocio, porque nos dábamos a conocer y muchos pilotos nos traían luego sus vehículos para prepararlos.

Aquella «élite» de pilotos profesionales éramos Doncel o Ruiz-Giménez de la Escudería Repsol, Juan Fernández, Salvador Cañellas, yo mismo… en porcentaje, siendo carreras en cuesta o rallyes que tenían fácilmente 100 inscritos, éramos una minoría.

 

RR: Entonces, sus participaciones en carreras eran ya parte de una estrategia de marketing.

MJ: Efectivamente, los participantes veían lo bien que funcionaban nuestros coches, se animaban a traerlos al taller a preparar los suyos, e incluso habíamos llegado a vender algunos coches al final de las carreras. ¡Oye Manuel, que me gusta el coche! Pactábamos un precio (lo pactaban con mi padre), y se lo llevaban en el remolque. Así conseguíamos un gran movimiento de coches que nos daba trabajo continuado en el taller.

Imagen: Seat 600 Foros (Autor desconocido)

RR: ¿Y qué coches entraban en taller?

MJ: Los Seat eran mayoría, especialmente 600 a los que hacíamos nuestro Preparado Juncosa, además de los Abarth a los que realizábamos el mantenimiento, y puntualmente también otras marcas como Simca.

Así que por el taller pasaron el Seat 600, que evolucionó a Seat 600 D, Abarth 750, Abarth 850, Abarth 1000, Abarth 1300 y Abarth 1300 OT, Abarth 2000 y la barqueta Abarth 3000.

 

RR: ¿Hasta qué punto marcó a la familia Juncosa tener su taller y también su vivienda en el mismo edificio?

MJ: ¡Pues totalmente! A las 8 de la mañana teníamos que estar en el taller, y para llegar a él no salíamos ni a la calle, desde el vestíbulo del piso ya saltábamos al taller. Unas 12 horas al día de trabajo eran lo que hacía falta para dar salida a toda la faena. Paralelamente, teníamos que subir a Italia a por piezas a Turín, y aquí se fue fraguando la relación con Don Carlo Abarth y nuestra familia.

La relación era tan buena que, cuando venía con su mujer a Barcelona, se quedaba a dormir en nuestra casa. Le encantaba ver el ambiente en el taller y la pasión que le poníamos, y por ello luego siempre estábamos invitados a subir a Turín y probar las nuevas preparaciones.

Imagen: No Mirando a Nuestro Daño (Autor desconocido)

RR: Y fruto de esta relación con Abarth, ¿no podría haber llegado usted a competir a nivel internacional?

MJ: De hecho, cuando Don Carlo Abarth desarrolló el Abarth con doble árbol de levas y doble carburador, me invitó al Circuito de Vallelunga, cerca de Roma, para que probase el coche junto a los pilotos oficiales de la marca.

Y mientras estaba listo para salir, Don Carlo (en italiano) me dijo muy seriamente que no superara las 7.200 rpm. Sin problema, di varias vueltas al circuito, paré en boxes y en cuanto me vio entrar, salió corriendo hacia el coche, me abrió la puerta y se miró con enfado el cuentaveltas. Volvió a cerrar la puerta bruscamente y se fue.

No fue hasta un rato después que un buen amigo de la familia nos explicó el dilema de Abarth: «Don Carlo dice que no se lo cree, porque aquí están los 6 pilotos oficiales de Abarth, y tú, que es la primera vez que vienes a Vallelunga, has dado cuatro vueltas y has hecho el segundo mejor tiempo. ¡Vas a tener faena para explicarle que has cumplido lo que te pedía».

Al año siguiente, cuando yo tenía 22 años, Don Carlo habló con mi padre y le ofreció que yo pasara a ser piloto oficial de la marca y corriera en Europa. Y su respuesta fue muy sencilla: «Manelet ya es mayor para elegir lo que prefiera. Pero si se va contigo, yo dejo la representación de Abarth en España». Él era el que mejor sabía lo importante que era mi trabajo en taller para la atención al cliente y dar buena imagen. Y yo, pues también prefería estar en el taller y salir solo los fines de semana, no pasarme la vida en la carretera…

Imagen: puntavui.cat (Archivo Manuel Juncosa)

RR: Joven, triunfando en las carreras, con apoyo de la familia… aquella época debió dar para muchas anécdotas más allá de la propia competición.

MJ: Pues imagínate… Te contaré lo que nos pasó en 1973. Aquel año, con mi hermano Jaime, desarrollamos un Seat 850-1600 Spider con doble árbol de levas 1600. Así conseguimos un coche muy potente y que pesaba poco, y aspirábamos a ganar el Campeonato de España. ¡Pero aquel año, mi novia me propuso casarnos!

Así que me casé el 13 de julio de 1973, y el 15 de julio estaba corriendo en la subida en cuesta de Urbasa (País Vasco). La semana siguiente, estaba en Sevilla haciendo otra subida, y siete días después, estaba en Madrid haciendo las subidas de Morcuera y Canencia . Y ya entrando en agosto, estaba en Santander haciendo la Bien Aparecida.

Y claro, a todas estas carreras me acompañó mi mujer, porque en realidad, ya habíamos llegado a un pacto previamente. «Si nos casamos, yo tendré que priorizar las carreras para cumplir con las responsabilidades de mi profesión y oficio». Así que una vez terminamos la última carrera de este tour por España, dejamos el coche y el remolque en Barcelona, y ahora ya sí, nos fuimos siete días a París de viaje de novios. ¡Había que cumplir con todo!

Imagen: forocoches.com (Autor desconocido)

RR: ¿Y cómo es, a día de hoy, poder seguir participando en revivals de clásicos y pruebas de regularidad? ¿Las nuevas generaciones saben quién es Manuel Juncosa?

MJ: Bueno, de esto ha sido Ramón Fluvià (propietario del Fiat Abarth 1000) el mejor testigo. Allá donde vamos, cuando nos ven pasar y ven la pegatina con mi nombre, y el coche, no se pueden estar de aplaudirnos, de venir a vernos y explicar que de jóvenes me habían visto en Montjuïc, en La Bien Aparecida, otros dicen que su padre siempre les hablaba de los Juncosa… son experiencias muy bonitas.

Que 40 años después se acuerden de lo que hacías, es lo mejor que te puede pasar.
 

¿Aún no has visto el vídeo?

 

 

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