La historia en competición de Manuel Juncosa está ligada a muchos y variados vehículos, siempre con Talleres Juncosa como nexo de unión entre ellos. Porque por el taller familiar de la calle Mallorca de Barcelona pasaron decenas de coches y preparaciones de primer nivel, a los que «Manelet» tenía que sacar a pasear los fines de semana.

Entre los genuinos «Preparados Juncosa» y los Abarth traídos directamente de Turín con el beneplácito de Carlo Abarth, Manuel Juncosa se labró un palmarés irrepetible a base de tesón y buenas manos, aun cuando lo más importante para el piloto catalán era siempre la economía del taller. «Si sacábamos a competir un coche y lográbamos buenos resultados, había muchas posibilidades de venderlo en la misma prueba, además de notar un repunte de clientes en el taller», recordaba Manuel durante la grabación del vídeo que hemos publicado recientemente en RetroRacing.es (haz click aquí para verlo).

Pero en esta publicación queremos centrarnos en el coche más especial de toda su carrera, y precisamente uno de los primeros en elevarle a la élite del automovilismo español. Porque entre sus manos tuvo la fabulosa barqueta Abarth 3000, el Abarth 1300 OT «Periscopio» o el Seat 850-1600 Spider con doble árbol de levas desarrollado por Jaime Juncosa, pero ninguno fue capaz de superar su idilio con un icono de los turismos italianos: el Fiat Abarth 1000 Berlina Corsa.

Aunque su fabricación arrancó sobre 1964, fue entre los años 1967 y 1968 cuando Manuel Juncosa se puso al volante del Abarth 1000, un coche que suponía un nuevo paso adelante de la marca italiana tras el Fiat Abarth 850. En aquel momento, Carlo Abarth estaba centrado en dotar a la base del Fiat 600 de las mayores prestaciones posibles, siempre manteniendo la homologación como Grupo 2 para competir con garantías contra rivales de su cilindrada.

Claro que partiendo de una base ligera, pequeña y con un buen equilibrio de pesos, los ingenieros de Abarth le hicieron todo tipo de «perrerías» al 600 para convertirlo en un bólido de carreras mucho más evolucionado que sus rivales del momento, que por ejemplo en el Campeonato de Europa de Turismos eran los Mini BMC o los Saab 96.

Imagen: forocompeticion.com (Autor desconocido)

El Fiat Abarth 1000, al detalle

Algo que Manuel deja muy claro al preguntarle sobre sus recuerdos acerca del Fiat Abarth 1000 es que «la denominación 1000 no solo significó un aumento de cilindrada. También la suspensión, los frenos o la caja de cambios fueron mejorados, algo que acababa repercutiendo en una mejor estabilidad. En un momento en que Abarth no dejaba de hacer avances constantes sobre el 600, el Abarth 1000 demostró hasta dónde podían llegar estas evoluciones. El 1000 era un coche de carreras que solo mantenía la plancha (ensanchada) y la pintura del coche de calle«.

Con semejante carta de presentación, es fácil comprender el enorme éxito que acumuló el Fiat Abarth 1000 durante los años en que se mantuvo su fabricación en Turín, entre los que destaca su victoria en el Campeonato del Mundo de Marcas, categoría de menos de 1.000 centímetros cúbicos, en los años 1962, 1963, 1964, 1965, 1966 y 1967, escribiendo la que posiblemente sea la página más importante de Abarth en la historia del automovilismo.

Estas eran sus principales características técnicas:

Fiat Abarth 1000 Berlina Corsa (denominación 1000 por su cilindrada y Berlina Corsa por su carrocería, homologada como «berlina de carreras»)

  • Motor: 982 cc con doble carburador Weber 40
  • Potencia: 87 CV aprox.
  • Dirección y suspensión: brazo semipendular delantero con trapecios y barras estabilizadoras delantera y trasera
  • Frenos: cuatro frenos de disco con pinza de 3 pistones
  • Caja de cambios: 5 marchas de relación cerrada
  • Combustible: depósito de gasolina de 70 litros

 

El Fiat Abarth 1000 en España

Durante los años 60, la gran mayoría de los jóvenes españoles aficionados al motor se iniciaron en la conducción deportiva al volante de un Seat 600. El «coche del pueblo» tenía virtudes, pero con una potencia que no llegaba a los 30 CV, el pedal derecho del 600 no hacía justicia a los esfuerzos del piloto.

Así nacieron las primeras preparaciones de Seat 600, las recordadas Nardi, Conti y por supuesto los Preparados Juncosa, que permitieron a los jóvenes Jaime y Manuel convertirse en una referencia estatal y captar la atención de Carlo Abarth, quien les cedió la importación de sus modelos gracias a la buena relación que mantenía con Jaime Juncosa senior.

Pero por supuesto, poder permitirse una preparación del 600 era una dimensión completamente diferente a poder llegar a adquirir un Abarth. Aprovechando el caso que nos ocupa, hemos querido comparar los precios oficiales de venta en España de varios modelos en el año 1968, sacados de la Revista Velocidad:

  • Seat 600 D: 75.704 Ptas.
  • Renault 8: 127.277 Ptas.
  • Simca 1000 GLE: 144.647 Ptas.
  • Authi Morris 1100: 154.327 Ptas.
  • Alpine A-110: 213.349Ptas.
  • Fiat Abarth Berlina Corsa: 2.790.000 Liras (310.806 pesetas según el cambio de moneda en 1969)

Como consecuencia, solo unos pocos «elegidos» pudieron competir con él en España. Hablamos de pilotos tan influyentes del momento como Jorge Viñas «Chi», Eugenio Barturone o José Antonio Gurrea, amén de nuestro protagonista.

Imagen: tresfotos.foroactivo.com (Autor desconocido)

El palmarés de Manuel Juncosa con el Fiat Abarth 1000

Esta extensa introducción nos permite hacernos una idea sobre el escenario del automovilismo español cuando Manuel Juncosa se trajo el Abarth 1000 a Barcelona para empezar a competir. De hecho, el coche estuvo poco tiempo en sus manos, ya que para el inicio de 1969 ya había nuevos escorpiones esperando a coger el relevo.

Aun así, «Manelet» tuvo tiempo de dejar su huella alzándose en 1967 con el Campeonato de Cataluña de Velocidad y el Campeonato de Cataluña de Montaña, y de revalidar en 1968 el Campeonato de Cataluña de Montaña, firmando un impresionante «4 de 4» en las carreras donde usó el vehículo.

Cabe recordar que en aquel momento las subidas en cuesta gozaban de una enorme popularidad, pues eran la manera perfecta de poner a prueba las monturas sin la dificultad añadida del rally, cuyos largos kilometrajes significaban que la mayoría de coches no tenían una mecánica capaz de resistir. Las subidas en cuesta fueron el lugar perfecto para demostrar cómo de rápido era el Abarth 1000 en las manos adecuadas.

II Pujada al Farell – 17/09/68. P.M. 10 x Hora.

  • 1º Absoluto Scratch

V Pujada al Puig Major – 29/09/68. RACC.

  • 1º Grupo 2 Clase 5

V Pujada Pont de Vilomara – 06/10/68. Moto Club Manresa.

  • 1º Absoluto Scratch

XXII Pujada a l’Arrabassada – 20/10/68. Penya Motorista Barcelona

  • 1º Grupo III Clase VI

Vistos estos resultados, que incluía victorias absolutas con un coche de un litro de cilindrada, no cabía duda que Abarth y Talleres Juncosa tenían por delante una fructífera relación.


 

Manuel Juncosa: «El coche más especial que he conducido»

«El Fiat Abarth 1000 Berlina Corsa era ante todo un coche polivalente. Lo usábamos en circuito, en rallyes y en subidas en cuesta, porque era un coche muy compensado entre las 3 categorías. Y como cumplía con las especificaciones del Grupo 2 Clase 5 para motores de hasta 1.000 centímetros cúbicos, dejaba muy atrás a su competencia directa.

También lo recuerdo como un coche fiable, muy manejable y con un comportamiento nervioso y precioso que te permitía un paso por curva espectacular. Las sensaciones al volante eran las de un kart. Era un «todo detrás», pero al ir el piloto en el centro y el depósito delante, se acababa comportando de manera impresionante. Un coche fabuloso, con el que hicimos grandes carreras. Y la satisfacción de ganar en subidas en cuesta a gente con Porsches era insuperable».

Tras el Abarth 1000, Manuel Juncosa se pondría al volante de máquinas de primer nivel como el Abarth 1300 OT, pero que ya no estaban desarrolladas sobre una homologación de coche de serie. No llegaría a competir con el espectacular Fiat Abarth 1000 TCR, la evolución más radical del 600, que se aupaba hasta los 112 CV y tenía mucha mayor complejidad mecánica.

Pero la «piccola» Abarth quedaría para la historia como el coche con el que mejor se identificaba a los Juncosa, el modelo que les dio una fama nacional y reportó grandes alegrías, tanto profesionales como personales.

Lo que Manuel nunca hubiera imaginado es que, 50 años después de haberlo conducido, uno de aquellos chavales que le veía competir en las subidas en cuesta le ofrecería una oportunidad única e irrepetible: volver a sentirse piloto de carreras, y hacerlo de la mano de su coche fetiche. Así es como Manuel Juncosa disfruta de la competición en la actualidad.

 

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