Museos Motor

Museo del Automóvil de Turín y Pista Lingotto: un tándem imprescindible

 agosto 3, 2022

Por  Carlos Carballo

Aprovechando las vacaciones, recientemente pudimos disfrutar de unos días en Turín, una de las ciudades europeas con más vínculos con el automovilismo.

Y además de descubrir una ciudad sorprendente, con una oferta gastronómica y cultural más que interesante, no dejamos escapar la oportunidad de visitar un tándem de lugares emblemáticos y separados por apenas unos cientos de metros: el Museo Nazionale dell'Automobile (o Museo Auto, que es como popularmente se le conoce) y Lingotto, la antigua y emblemática fábrica de Fiat, ahora convertida en complejo de ocio.

Os invitamos a descubrir dos lugares imprescindibles para todo amante del automovilismo.

Nombre del museo

Museo Nazionale de'll Automobile (Museo del Automóvil de Turín)

Temática

Evolución tecnólogica y social del automóvil a lo largo de dos siglos

Unidades destacadas

Alfa Romeo P2, Cisitalia 202, FIAT Turbina, Alfa Romeo Disco Volante, Itala 35/45, Ferrari F2007

Ubicación

Corso Unità d'Italia, 40, 10126 Torino (Italia)

Precio entrada

Adultos 15€ aprox.

Niños 5€ aprox.

Gratis con Torino + Piemonte Card

Contacto

Nuestra opinión

Un museo imprescindible para los amantes del automovilismo, un ambiente muy didáctico y perfecto para visitar en familia. Muchas variedad de piezas y ubicaciones bien escogidas.

Introducción al Museo del Automóvil de Turín

El Museo Auto es el museo nacional italiano dedicado al automóvil, en toda la amplitud de la palabra. De forma cronológica nos traslada hasta la segunda mitad del siglo XIX y nos acompaña de una forma muy didáctica por todas las fases que ha vivido el automóvil hasta lo que es hoy.

No nos sorprende que, en 2013, el periódico inglés The Times clasificara este museo entre los 35 mejores del mundo; de hecho, seguramente sea el mejor del mundo en su categoría.

Y atención porque los datos asombran, ya que su fundación data de 1932, cuando el automóvil estaba dando sus primeros pasos, aunque fue totalmente renovado en 2011, dejándonos entrever la visión que sus creadores tenían puesta en esta nueva “criatura” nacida por y para el progreso.

Entramos en la "cueva"

La imagen exterior del museo es la de una gran mole de hormigón, con un aspecto muy industrial, muy “turinés”.

Se accede rodeándolo ligeramente y accediendo a un imponente hall de recepción, donde algunas piezas se dejan entrever de forma sutil, pero poco más. No hay más opción que adentrarse en la cueva.

Primera planta: “El hombre y el automóvil”

Debemos advertir de primera mano que aquí no vais a ver grandes y extensos tratados técnicos. El Museo Auto abandera un carácter divulgativo y se aleja de tecnicismos innecesarios, priorizando dar un contexto socio-económico y cronológico, para comprender el porqué de cada pieza de su colección.

Como podéis deducir, la industria automotriz italiana y sus creaciones toman un protagonismo evidente, y es que debemos pensar que a la ciudad se la conocía como “Autorino”, ya que un sinfín de empresas relacionadas con la industria tienen o han tenido sede en la ciudad piamontesa, al más puro estilo Detroit en sus días de gloria.

Volviendo a la exposición, una elegante sala circular con escaleras de caracol nos recibe; es el inicio de la colección, y desde donde pivota el recorrido. El museo está distribuido a lo largo de tres plantas, y en la primera nos sitúa en la segunda mitad del siglo XIX con el automóvil de los Cugnot, considerado el primer “proto-automóvil”, una suerte de carruaje con travesaños de madera y una gran caldera de cobre en su frontal, y desde ahí, el recorrido nos traslada de forma muy audiovisual a la primera y fascinante primera etapa, a finales del s.XIX e inicios del s.XX.

Aquí encontraremos los primeros automóviles fabricados (que no fabricantes de automóviles, eso vendría tiempo después) que experimentaban con todo tipo de soluciones, desde los que se propulsaban con carburante, electricidad e incluso vapor, mostrando soluciones más homéricas que pragmáticas, donde la imaginación hervía de la mente de los pioneros se lanzaron a experimentar.

Segunda planta: “El automóvil y el siglo XX"

El recorrido sigue por los años 20, donde encontramos la unión del afán de aventuras y el automóvil como perfecto compañero. Las carreras que discurrían desde París como capital europea hasta los destinos más exóticos, se sucedían una tras otra, poniendo a prueba tanto a aventureros como a máquinas. Sus gestas a día de doy cobran si cabe más sentido.

Acto seguido entramos en la popularización del vehículo, tanto en Europa como en USA; de cómo el europeo medio, pese a dos grandes guerras, ve en el vehículo un símbolo de progreso y libertad. Descubriremos al automóvil como el vehículo de masas, con claros ejemplos de ello (Fiat Topolino, Mini, Citroën 2cv, y la Volkswagen T1, por citar solo algunos ejemplos).

¿Cambió el vehículo con la sociedad, o bien la sociedad cambió al vehículo? Este museo quizás os dará pistas de ello hasta bien entrados nuestros días, donde la sostenibilidad y la eficiencia tienen más fuerza que nunca.

Algo que comentamos y apreciamos a medida que íbamos evolucionando con el recorrido, es que las piezas expuestas tienen el lugar y el espacio que merecen. Lejos de espacios saturados o con coches puestos a su suerte y separados por una cinta, prácticamente la totalidad de los coches de calle expuestos pueden ser rodeados, para ver cada detalle del exterior y el interior. Y todos ellos acompañados de su correspondiente atrezzo a su alrededor que lo hace verdaderamente único.

Pero no por ello quiere decir que todos las piezas expuestas aquí sean populares. ¿Sabéis dónde podemos ver el FIAT Turbina y ni más ni menos que dos Cisitalia? En efecto, aquí.

Acerquémonos un momento a estos dos vehículos, porque no es casualidad que estén uno enfrente de otro, estableciendo un diálogo muy interesante entre la belleza clásica del Cisitalia 202, y el atrevimiento casi canalla del Fiat Turbina.

Cisitalia 202 y Fiat Turbina: dos de las piezas estrella del Museo Auto Turín

El primero nos muestra cómo la combinación de una pequeña mecánica, combinado con un buen traje a medida de corte y proporciones clásicas y contenido peso, nos traen una creación atemporal, equilibrada y elegante.

Es prácticamente imposible discrepar sobre la belleza del Cisitalia. Fijáos cómo nos devuelve una estampa calmada y honesta, no hay nada superfluo, solo un llamativo y casi obligado color “rosso corsa” , el resto es función por encima de la forma.

Y si giramos la cabeza a nuestra derecha, nos encontramos con todo lo contrario. El Fiat Turbina reclama tu atención nada más insinuarse por el rabillo del ojo. Afilado, con la bandera tricolor italiana y formas exuberantes, te dice que es rápido, provocativo, casi “aviónico”. Y es que su propulsor de turbina respondía a una interesante época, en los 50, en la que parecía que todo iba a ser a turborreacción.

A priori había beneficios: son motores silenciosos, que ofrecen una calidad de confort mayor que sus homólogos de ciclo Otto, pero que por contra los altos costes de “civilización” de una tecnología tan extrema los hacía prohibitivos.

Pero hay más similitudes, y es que en ambos proyectos, como no podía ser de otra forma, estaba involucrado uno de los “sparrings” más importantes que FIAT e Italia han tenido nunca en el sector: Dante Giacosa.

Es muy vistoso pensar en cómo en aquella época un mismo diseñador encaraba con el mismo compromiso dos proyectos tan divergentes, y que sin embargo se han convertido en mitos, cada uno con su relato.

Resulta espectacular pensar que el diseño y la tecnología del FIAT Turbina es de 1954… justo en la misma época que Cisitalia sacaba su 202.

Y con ello, seguimos surcando las posteriores décadas del automovilismo, donde llega el auge de la clase media, y el mundo, definitivamente, se motoriza para siempre.

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Planta baja: “El automóvil y el diseño"

Utilitarios modestos para una Europa que empezaba a estar saturada, opulentes modelos americanos de tamaños fastuosos, y esbeltos deportivos que serían iconos. El diseño del automóvil no consiste solo en vestir y dotar de vida a 4 ruedas y un motor, se trata de comprender una serie de preguntas que en cada lugar o en cada sociedad tienen una respuesta.

  • ¿Para qué?
  • ¿Para quién?
  • ¿Para dónde?

En el Museo del Automóvil de Turín, la respuesta a estas preguntas te pone de frente a la realidad de cómo en cada lugar tenía una respuesta y un resultado totalmente diferentes. Para ello, vemos otra comparativa de lo que sucedía en Europa y en Estados Unidos con los automóviles “chic”.

En Estados Unidos, a inicios de los 60, el Chevrolet Corvette C1 era considerado el dream car americano, un opulente biplaza cabrio, con un totémico motor v8 dispuesto longitudinalmente y toneladas de par motor. Todo es grande en él.

¿Y qué hacía Europa? Uno de los modelos chic del momento era mi adorado Autobianchi BIanchina. Miradlo bien, porque casi cabe en el ascensor. Es un pequeño y lujoso vehículo derivado del Fiat 500, con las pretensiones de unos acabados de primera y una carrocería específica pintada en bitono que lo hacía destacar del resto. Pero no os confundáis, los Autobianchi no eran precisamente baratos, eran el perfecto producto aspiracional del que tanto se oye hablar hoy en día.

Cabía en cualquier lado, gastaba lo que un zippo, y te permitía aparcarlo entre los arcos de la “piazza” de turno para tomar un Spritz al salir de la oficina. Si vais a la exposición, ambos modelos están separados por apenas 5 metros.

“Carlos, te has pasado, no todo sería así en aquella Europa, seguro que tenías mejores ejemplos”. Bueno, en parte tenéis razón, en la Europa de posguerra, los ánimos estaban muy arriba en la próspera clase media. Con el salario medio, una familia podía aspirar a tener su casa, su coche... e irse de vacaciones. Los albores del turismo como lo conocemos hoy en día implicaba nuevas necesidades, y en Italia lo entendieron muy bien. ¿Qué podíamos hacer para meter hasta a 6 personas en 3,5 metros? La respuesta fue el Fiat 600 Multipla.

¿Habéis visto que es una unidad “tuneada”? No es algo al azar, esta unidad en concreto es especial, ya que fue un rediseño que en 1995 realizaron los integrantes del instituto IDEA.

Pero no solo de vehículos civiles va el museo. Como bien sabéis, nuestra debilidad son los coches de carreras, de todo tipo, y ¿acaso no es Italia madre de las máquinas más especiales en competición?

La sala de competición: ¡imprescindible!

Teñidos como no puede ser de otra forma de color rojo, el color nacional de Italia en aquellas pruebas pioneras, entramos en la sala más especial del Museo Auto.

Nos recibe un espectacular diorama a escala real (con vídeos proyectados y monoplazas reales como modelos) simulando un enorme gran premio y mostrándonos la evolución de los coches de competición con ruedas descubiertas, hasta los monoplazas de Fórmula 1 modernos.

Y a nuestras espaldas, distintos boxes, donde en cada uno de ellos se condensa una década, con un monoplaza destacado y haciéndonos una idea de cómo han cambiado no solo los monoplazas, sino los monos, los cascos, las herramientas y en definitiva el deporte.

¿En qué lugar de tan solo 50 metros de longitud se puede ver lo dramático que ha sido el cambio desde que Tazio Nuvolari se lanzaba con su “simple” Alfa Romeo a la caza de los todopoderosos Auto Union en la Europa de entreguerras, lo experimental y transgresor que fueron las décadas de los 60 con el motor atrás, y los 70 con los inicios de la aerodinámica, a ni más ni menos que la época de sofisticación aerodinámica máxima del sigo XXI con el Ferrari F2007, el campeón de dicha temporada?

Hay que verlo en directo.

¿Por qué visitar el Museo Auto de Turín?

Porque durante todo el recorrido, la exposición te carga de emociones. Podemos vivir lo casi místico de los inicios, pasando por la euforia de los años 20, lo traumático de la posguerra, y el nuevo optimismo y dinamismo de los 60 hasta un siglo XXI lleno de preguntas y retos.

Ya solo nos queda visitar un último espacio, el dedicado a las personas. Y es que no podemos pasar por alto los grandes nombres del diseño que, sin ellos, mucho de lo que tenemos hoy simplemente no habría llegado. Dante Giacosa, Walter da Silva, Chris Bangle… El diseño lo realizan los diseñadores y diseñadoras, y este espacio les homenajea.

Y así concluye la exposición, aproximadamente un par de horas de subir y bajar plantas y casi perdiendo la noción del tiempo. Hemos intentado dotar al relato de la misma intensidad y complejidad de sensaciones que el museo esconde, ya que sin duda esa “alma” es lo que hace más especial al Museo Auto.

Pero seguramente después de caminar y visitar todo el museo tengáis hambre. y cerca hay un lugar que os saciará el estómago… y también la vista. Vamos al Lingotto.

Cómo visitar Lingotto, la fábrica de FIAT en Turín

El Lingotto es la antigua y mítica fábrica de FIAT en Turín. Este edificio centenario (en 2023 cumple 100 años de su finalización), era un edificio de vanguardia y constituye otro lugar imprescindible para todo buen petrolhead.

Aquí se han construido prácticamente la totalidad de los modelos FIAT hasta los años 70, momento en que la fábrica se quedó pequeña para el gran gigante en el que se había convertido la firma. Era una fábrica vertical, y la cadena de montaje iba de abajo a arriba del todo. Resumiremos muy fácilmente la secuencia.

Los diversos proveedores aparcaban sus pequeñas furgonetas y entregaban las piezas por la planta baja, y a medida que la cadena de producción subía por las plantas, el automóvil se iba completando hasta que en la quinta planta, en la azotea, la unidad ya acabada era testada en la pista para comprobar que todo estaba correctamente ensamblado. O lo que es lo mismo: la planta superior de Lingotto era un circuito oval con curvas peraltadas.

El genio de la arquitectura Le Corbusier cayó fascinado por este edificio, definiéndolo como “uno de los edificios más vanguardistas y una de las mejores imágenes de la industria'', añadiendo quizás en tono irónico que era “una fábrica construida bajo un circuito de carreras”.

Salieron cerca de 80 modelos de la firma turinesa de sus instalaciones, y en su momento, se consideró la fábrica de automóviles más grande del mundo. Y si algo saben hacer de forma magistral en Italia es preservar y dotar de nuevas lecturas a la arquitectura digamos “ desfasada”.

Visita a la Pista 500 Lingotto

Hoy en día el Lingotto es, aparte de un hotel del grupo NH, un complejo comercial totalmente actualizado, dotado de zona de restauración, tiendas y cines, y que alberga en su interior lo que más nos interesa: la Pinacoteca Agnelli, puerta de entrada a poder visitar la emblemática pista de pruebas de la azotea a día de hoy.

Si queréis visitar la actualmente denominada Pista 500, con la Torino + Card está incluida, y si no disponéis de ella, la entrada es de 2€ por persona. Desde el Hall de la Pinacoteca, un ascensor nos lleva directamente a la pista.

Desde allí, las vistas de la ciudad son totales, pero lo más importante es que la pista discurre a nuestros pies, tal y como lo hizo desde sus inicios. Actualmente la pista tiene zonas ajardinadas y distintas obras de arte, pero lo más importante es que se puede realizar la vuelta andando por el aro interior del oval.

No esperéis ni ver coches rodando ni por supuesto subir con el vuestro. Actualmente no es posible (muy a nuestro pesar), pero por el contrario, se ha convertido en un lugar agradable en el que pasear y contemplar en silencio lo que supuso en su día.

Las fotografías históricas y los guiños a su pasado discurren por cada espacio del oval, lo que lo convierte en un espacio muy interesante, aún a día de hoy. Podéis completar la visita tomando un espresso con vistas en el “café 500” que encontraréis arriba, con mil y un guiños a tal emblemático modelo de FIAT.

Y con esta visita complementaria dimos por finalizada la ruta más emblemática del automovilismo turinés.

Si estáis de vacaciones y os acercáis por la región, os recomendamos encarecidamente este combo de visitas, separadas por tan solo unos cientos de metros.

Como comentamos al inicio, Turín es una ciudad muy agradable, con una oferta museística muy atractiva y de la que estamos seguros que disfrutaréis de unos días de descanso y disfrute geniales. Y si lo hacéis, ¡esperamos vuestros comentarios y fotos!

Texto y fotos: Carlos Carballo y Sergi Blasco para RetroRacing.es. Todos los derechos reservados.

Carlos Carballo


Carlos es de Barcelona, pero su credo bien le podría hacer pasar por modenese: es orgulloso propietario de un Autobianchi A112, se mueve por la ciudad en Vespa y su ídolo es (y será) Michael Schumacher. Si a ello se suman su formación como ingeniero y las palabras Epsilon Euskadi en su portfolio, a Carlos le sobran argumentos convertir en interesante cualquier tema que se proponga.

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