Viajes

Diez mil leguas de viaje en Volkswagen Polo

 diciembre 19, 2020

Por  Carlos Carballo

¿Cuántos de nosotros no queríamos ser grandes aventureros en algún momento de nuestra infancia? El imaginario colectivo está lleno de referentes, desde Tintín cruzando el desierto a Julio Verne y sus diez mil leguas de aventuras submarinas con sus inventos imposibles.

Thierry Sabine tuvo claro que esas grandes aventuras seguían siendo posibles a finales del siglo XX, y con el Rally Dakar hizo soñar a generaciones enteras de aficionados. Porque cualquiera podía cruzar África con ganas, capacidad de sacrificio y un vehículo.

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Seguro que habéis visto imágenes de esos coches prácticamente de serie, cargados hasta arriba de recambios y corriendo a toda velocidad entre los baobab’s africanos, buscando llegar al Lago Rosa de Dakar, el trofeo tangible a tan intangible anhelo.

Pues entre todo este imaginario, dos hermanos riojanos, picados por la mosca tsé tsé de la conquista, decidieron que todavía hoy se puede ser un gran aventurero si uno se lo plantea, e iniciaron así un recorrido lleno de aventuras a bordo de unos coches de lo más singular: los Volkswagen Polo de segunda generación fabricados en Landaben. Preparaos para conocer a Ritom Racing.

La aventura que empezó con el Volkswagen Polo de la abuela

Tomás y Víctor Aydillo, riojanos de nacimiento pero madrileños de adopción, se criaron bajo el paraguas de una familia abocada al automovilismo. “Nuestro padre siempre ha sido un gran aficionado a los coches, y ya hacía rallyes en los años 70 con un Ford Fiesta”, nos comenta Víctor, recordando aquellas largas tardes de infancia en casa entre la mecánica de los coches y el bendito Scalextric.

A esto se sumaba que un tío suyo era todo un Willy Fog, capaz de viajar con una facilidad pasmosa, ya fuese a la Antártida o la India con una Volkswagen T2.

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Con semejante entorno familiar, ¿cómo no iban a salir los aventureros los niños?

Tanto fue así que, una vez alcanzada la edad legal para poder conducir, Tomás y Víctor no desaprovecharon la oportunidad. Como la gran mayoría de nosotros, su primer coche fue de lo más modesto. En su caso, un humilde Volkswagen Polo 86C con matrícula de Logroño, el cual era originalmente de su abuela y que, con poquísimos kilómetros en su tacómetro, había tenido una vida de lo más plácida. El pobre no sabía la que le esperaba.

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Marruecos les llamaba, y mucho, por lo que en 2014 empezó el historial aventurero del pobre Polito. Víctor participó con un amigo en el Rally Clásicos de Atlas con el coche prácticamente de serie, y según nos cuenta, sufrieron los percances típicos de un coche que no estaba debidamente preparado, empanzando entre las dunas constantemente debido a su poca altura. Pero eso era un mal menor y totalmente esperable, habían ido a aprender, a ser unos novatos “de manual” y, sobre todo, para decir: Podemos hacerlo.

Todo ello no les amedrentó y en 2015 regresaron al mismo rally (esta vez ya los dos hermanos) y con el coche aún de serie volvieron a sufrir problemas mecánicos serios. De entre ellos, recuerdan la ocasión en la que tuvieron que levantar el coche con ayuda local ¡a pulso!, después de verse su eje trasero clavado en una piedra y sin posibilidad de poder moverlo con dos Land Cruiser de asistencia…

Encuentra recambios de este coche

¿Os imagináis la estampa? En medio del desierto africano y tu coche siendo levantado literalmente a mano por los locales para que puedas proseguir tu aventura, mientras cantan su coro particular por tal de cuadrar esfuerzos, y todo ello de forma totalmente altruista.

Si esto no te hace sentir que la aventura todavía existe en cuanto salimos de nuestra zona de confort… Por supuesto, no solo acabaron el rally, sino que se dieron el lujo de ganar alguna etapa.

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Retos, retos y más retos

Antes de seguir con la lectura, os debo informar que estos dos hermanos, aparte de participar en pruebas de tipo raid por mero disfrute, se muestran siempre como una dupla muy competitiva y que aprovecha al máximo el material del que dispone. Y si no, atentos a cómo continúa su historial.

En 2016, ya con su ímpetu explorador en horas altas, participan en el Transmorocco Rallye y en una de las primeras ediciones del Spain Classic Rally. Para entonces ya tenían claro que el pequeño Volkswagen Polo 86C de la abuela debía ir por fin preparado como se merecía, y por ello se pusieron manos a la obra para poder crear un “Polo Safari” made in Madrid. Y sorpresa, ¡acabaron terceros en la prueba española!

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Y en 2018, para poner el colofón al historial del pequeño Polo, participaron en la Budapest-Bamako, ¡una prueba de unos 5000kms y auténtico espíritu Dakar! De aquel evento, como es lógico, guardan un gran recuerdo.

En estas “expediciones” al continente vecino, los hermanos Aydillo siempre procuran hacer un hueco para llevar, en la medida de lo posible, medicinas y demás elementos, como ropa o juguetes, para las ONG’s con las que tienen contacto, no estando exentos de ciertos problemas aduaneros entre los países. –“En el Budapest-Banjul llevábamos 4 cajas de medicamentos que, para pasarlos en la frontera con Gambia, fue la leche”, nos cuentan, teniendo que meter mano a la caja de balones de fútbol que también llevaban para poder pasar los medicamentos sin problemas. “¡10 balones nos costó la broma!”, recuerdan.

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En Bamako (Mali), una vez finalizada la prueba, dejaron el coche y volvieron a España en avión, confiando en el que el coche regresaría en un contenedor de un barco algunas semanas después. Pero lo que debía ser un mero trámite se convirtió en una odisea de prácticamente 9 meses. El coche, afortunadamente, llegó entero pero “usado”. -“Se notaba que el coche se había usado para trabajos locales, estaba sucio por dentro, y los niños les habían arrancado los dorsales y pegatinas que llevaba,” nos cuentan.

La familia Aydillo crece

Con todo, una vez volvió a casa, decidieron darle un merecido descanso al pobre Polo de la abuela, así que llegó el momento de crecer.

Tomás adquirió otro VW Polo 86C, también de color blanco (matrícula de Madrid en este caso), con el que participan desde entonces en pruebas de regularidad con un éxito que nadie se podría imaginar. Valga como ejemplo que en el pasado Andorra Winter Rally 2019, rodeados de especialistas en regularidad de Cataluña y Andorra, incluyendo al equipo Seat Históricos y muchos otros de primer nivel, los Aydillo se hicieron con una victoria inapelable dominando durante toda la prueba. ¡Sin palabras!

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Por otro lado, Víctor se vendió un Mini Cooper S y decidió comprarse. Adivinad… Otro Polo 86C, en este caso un un tipo Wagon o “breadvan” de color rojo.

Con todo ello, ahora mismo esta peculiar familia se compone de: 

  • 4 Volkswagen Polo de segunda generación, fabricados todos ellos en la Factoría de Navarra (Landaben).
  • Todos ellos equipados con la mecánica 1.3 de 55 CV.
  • 2 de ellos preparados para Raids.
  • 2 de ellos preparados para Regularidad.
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Cuatro vehículos perfectamente utilizables y que comparten recambios, que usan para sus quehaceres cotidianos, para ir de aventuras, ir a trabajar o de escapada con sus parejas. No hay glamour o refinamiento en ello.

Los Aydillo parten de un uso sensato y racional de las máquinas con las que, además, recorren el mundo. Porque, si lo pensamos bien, ¿acaso necesitamos más que eso?

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Nuevos retos para el futuro

Como ya podéis presuponer, y habiendo redactado este artículo en 2020 y con una pandemia de mil demonios que nos ha trastocado todos los planes, los Aydillo no paran. Y a pesar de todo, los planes de futuro existen y son muy interesantes.

El Central Asia Rallye tenía que ser el primero de sus grandes logros para este año, pero tendrá que esperar. Un rally de 6000kms de unas dos semanas, a bordo de coches idénticos para todos los participantes, pasando, entre otras, por una de las carreteras más altas del mundo, a 4000m de altura. 

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Su otro reto nos parece todavía más interesante. Porque tras mil experiencias tanto en Raids como en Regularidad, de haber rodado en Nürburgring y Spa-Francorchamps con sus respectivos Polos y de haber participado en tandas en el Jarama dejando boquiabierto a más de uno, su gran asignatura pendiente es la velocidad.

Con mucha paciencia estamos trabajando para conseguir uno de los Volkswagen Polo Wagon que compitieron en la Copa Polo de circuitos de los años 80”, nos explican con emoción. No es una tarea nada fácil, puesto que aquellos coches estaban preparados por Seat Sport, se hicieron apenas una treintena de unidades, y dadas sus modestas prestaciones, pronto dejaron de ser competitivos y muy pocos se conservaron. Pero seguiremos muy atentos el devenir de este proyecto, porque a tesón y perseverancia pocos les ganan.

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El viaje como modo de vida

Para Tomás y Víctor, el viaje no es el destino, sino el descubrimiento de aquello auténtico de cada lugar, el estar “en contacto” con el país, sus gentes, lejos de la artificialidad del turismo actual, desgraciadamente la ley imperante.

Charlando con ellos te das cuenta de que su satisfacción más pura es la de disfrutar del automovilismo, ya sean ellos dos solos o con sus respectivas parejas, fieles compañeras de sus aventuras. “Y si encima nos llevamos algo, mejor que mejor”, afirmaba Víctor el día en el que nos encontramos, menos de 24 horas después de verse ganadores del Andorra Winter Rally.

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Y es que, aunque desconocidos para los aficionados, no se les puede negar que son el máximo exponente de una fórmula que venimos reclamando desde hace mucho, en que para poder disfrutar e incluso ser competitivos en el automovilismo amateur, no hace falta dejarse grandes fortunas en coches clásicos de primer nivel. Basta con ganas, un coche económico, recambios abundantes, mucha inventiva y sobre todo, y lo más importante, ganas de aprender, de ensuciarse las manos y disfrutar.

En resumen, los hermanos Aydillo (o los Ritom Racing, como son conocidos en el mundillo) son el espejo en el todos nos queremos ver reflejados.

Texto: Carlos Carballo.

Imágenes: Archivo Ritom Racing y Sergi Blasco. Todas las imágenes son propiedad de sus autores originales. Todos los derechos reservados.

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Carlos Carballo


Carlos es de Barcelona, pero su credo bien le podría hacer pasar por modenese: es orgulloso propietario de un Autobianchi A112, se mueve por la ciudad en Vespa y su ídolo es (y será) Michael Schumacher. Si a ello se suman su formación como ingeniero y las palabras Epsilon Euskadi en su portfolio, a Carlos le sobran argumentos convertir en interesante cualquier tema que se proponga.

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